Danilo Assis Climaco * Brasil: la hidra del Golpe ve un combate a muerte entre sus cabezas

La semana pasada, el Tribunal Superior Electoral (TSE) ofreció lo ridículo como espectáculo. Entre martes y viernes, la población brasileña se avergonzó a diario por lo que ya sabían que iba a ocurrir: la absolución de la plancha Dilma-Temer de la acusación de crimen electoral, pese a que el juicio había sido diseñado para condenarla. El principal responsable fue Gilmar Mendes, presidente del TSE, quién hace tres años puso en marcha una estrategia llena de irregularidades para destituir a Dilma del cargo de presidenta, como alternativa, en caso de fracaso de la estrategia del Golpe mediante impeachment parlamentar. Como ésta prosperó, fue necesario que Mendes absolviera a un antiguo aliado, Michel Temer, el Ilegítimo. Toda una serie de indicios de crímenes que habían sido levantados por la investigación orquestada por Mendes debieron desmentirse, puesto que el encargado de relatar el caso, el juez Hernam Benjamín, se impuso la tarea de afirmar el guion original y exigirle a Mendes desdecirse punto por punto. De forma no tan sorprendente, Mendes pareció disfrutar el exponer su incoherencia, orgulloso de que Brasil viera, una vez más, el poder de su arbitrariedad en todo su esplendor.

Un manejo tan cínico de las leyes no es novedad. Lo sorprendente es que no sólo no fuera encubierto, sino divulgado por todos los medios, la Globo principalmente. La clave que debemos buscar para comprender lo ocurrido está en el desencuentro entre los intereses que defienden Globo y Mendes. De un lado, el imperio comunicativo que, aun teniendo dificultades para hacer frente a la era del internet, tiene una capacidad insuperable para direccionar la auto-percepción de la nación. Del otro, el hijo de una familia terrateniente de Mato Grosso, el Estado brasileño cuyas haciendas más utilizan agrotóxicos y mano de obra esclava. Mendes se hizo abogado en Brasilia, se doctoró en Alemania y desde la década de 1990 se aproximó al principal partido liberal del país, el PSDB. Logró tal importancia que, en su último año como presidente, el 2002, Fernando Henrique Cardoso lo nominó para la mayor corte del país, el Supremo Tribunal Federal (STF).

El amplio tránsito adquirido entre los partidos conservadores proveyó a Mendes una comprensión política de la que carecen casi por completo sus compañeros del STF, con lo cual adquirió una capacidad de influencia en todo el sector judicial, la que a su vez le permitió ampliar la que ya tenía en el ámbito político. A mediados de la década pasada se transformó en el más importante operador político de la derecha, con total respaldo de la Globo.

Los orígenes de la discordia empezarían con la Lava-Jato, la amplia investigación sobre las relaciones entre las grandes constructoras nacionales y la Petrobras, iniciada en el 2014. Todos los indicios apuntan a que el núcleo duro de la Lava-Jato tiene un objetivo eminentemente político y totalmente alineado, entre la Globo, Mendes y el empresariado nacional e internacional, para: responsabilizar el PT por el sistema de corrupción -pese a que es notorio que haya sido creado por el gobierno militar hace casi 50 años- y permitir el regreso al gobierno de los partidos directamente alineados con el capital internacional. Por ello, pese a que la investigación mostraba que los partidos conservadores eran los principales beneficiarios del esquema de corrupción, la Lava-Jato los encubrió tanto cuanto pudo. La proximidad de muchos de los investigadores de la Lava-Jato con el PSDB es notoria y muchos de ellos defendieron públicamente el voto a su candidato, Aécio Neves, en las elecciones del 2014. Una parte minoritaria de la Lava-Jato, sin embargo, no se encontraba a gusto con este proteccionismo político y buscaba ampliar la investigación hacia los partidos neoliberales opositores al PT.

Gilmar Mendes percibió lo que ocurría y ofreció un apoyo parcial a la Lava-Jato. Sabía que era imprescindible para provocar manifestaciones callejeras en contra del gobierno de Dilma, necesarias para legitimar el Golpe. Pero también percibía que iba a ser imposible blindar a los sectores políticos conservadores por mucho tiempo. Las fuerzas de la Lava-Jato se harían incontrolables y el trabajo de amortiguarlas sería arduo y antipopular. De esta forma, Mendes ensayó algunas críticas al proceder de la Lava-Jato desde sus inicios, sobre todo denunciando sus más notorias ilegalidades: la extensión indefinida de prisiones preventivas como forma de coaccionar a los encarcelados a delatar para la condenación sin pruebas cabales que confirmaran los crímenes delatados.

Con la llegada de Temer al poder, Mendes se irguió como el principal costurero de las alianzas políticas y judiciales que pudieran blindar al gobierno y sus ministros más próximos -todos ya citados reiteradamente en la Lava-Jato-, comprando el silencio de la prensa mediante la promesa de aprobar leyes que supondrían una pérdida inédita de derechos en beneficio del empresariado nacional e internacional.

Entonces ocurrió lo que se intuía. Un grupo de la Lava-Jato de Brasilia, crítico al blindaje a los políticos conservadores, organizó un acuerdo de delación con los dirigentes de uno de los mayores patrocinadores de todos los partidos políticos, la empresa de productos cárnicos JBS. Desesperados con la posibilidad de ser encarcelados, los dueños de la empresa se dispusieron a grabar al mismo presidente de la República, así como al presidente del PSDB y excandidato a la presidencia del país, Aécio Neves. Lograron sacar del primero la anuencia para que siguieran pagando una mensualidad que callara a uno de los más influyentes políticos encarcelados por la Lava-Jato. De Neves grabaron conversaciones que describían de modo inequívoco la entrega de 2 millones de reales, siendo que el presidente del PSDB llega a decir sobre quién vendría a recibir el dinero “debe ser uno a quién matemos antes que delate”

Aun no se sabe bien quién organizó la delación de la JBS, pero se sabe que fue preparada por integrantes de la Lava-Jato sin el conocimiento de sus superiores y que el conjunto de sus resultados -incluido las grabaciones bombásticas de Temer y Neves- fueron divulgadas el 17 de mayo por la propia Globo, quién tampoco parecía saber qué estaba ocurriendo hasta la víspera. Solamente un repórter de Globo estaba por dentro de los meandros de la operación. Todos los demás estaban visiblemente sorprendidos, tartamudeando al pasar la información e incluso defendiendo a Temer. Solo al día siguiente habría la acostumbrada homogeneización de los informadores del imperio comunicativo: todos contra Temer, en un trabajo intensivo de denuncias con el objetivo de que el presidente renunciara ya el 18 de mayo. Pero ello no ocurrió. Probablemente asesorado por Mendes, el presidente denunció que la grabación había sido editada y que jamás renunciaría. Inició, asimismo, una contraofensiva, buscando investigar los integrantes de la Lava-Jato que lo acusan, así como a los procuradores y jueces que los sustentan y a los empresarios delatores de la JBS.

Globo hizo un cálculo político que resultó inexacto. Quizás se vio obligada a ello, puesto que JBS es una de sus principales anunciantes. En todo caso, ya no puede volver atrás y mantendrá la línea política anti-Temer. La mayoría de los medios secunda a Globo -con la importante excepción de O Estado de Sao Paulo, que mantiene un firme apoyo al presidente-. El Supremo Tribunal Federal parece, por primera vez en mucho tiempo, haberse liberado parcialmente de Mendes y seis de sus 11 integrantes deben apoyar a la Lava-Jato en las sucesivas votaciones que ocurrirán en aquella casa. Otros integrantes de las diferentes instancias judiciales también se alían con la Lava-Jato y son brindados con el reconocimiento público que les ofrece Globo. La opinión pública mantiene muchas esperanzas en la operación investigativa y solo un 3% apoya al presidente.

Pese a tan desventajosa situación, Mendes y Temer se prepararon para resistir. Para ello, tienen cuatro grandes bazas: a) el relativamente corto tiempo para las nuevas elecciones presidenciales -15 meses-; b) el hecho de haber avanzado significativamente con la enorme pérdida de derechos que requería el empresariado nacional e internacional, patrocinadores del Golpe; c) su capacidad de gestionar los más distintos negocios delictivos; y d) son una esperanza de destrucción de la Lava-Jato, que pese a ser apoyada públicamente por todos los políticos, empresarios, jueces y medios, es temida profundamente por todos, incluso, si no más, por los que sustentan la posición anti-gobierno de Globo. La posibilidad de terminar tras las rejas y pagar miles de millones en multas, causa pánico. Los avisos de Dilma sobre los peligros en los que incurrían quienes rompían el acuerdo democrático para derribarla suenan hoy como una maldición profética. Que un empresario viera como única opción grabar al presidente del país -aun uno tan ilegítimo- no es baladí. Tampoco lo es que Globo rompiera súbita y unilateralmente su antiquísima relación con Aécio Neves y Michel Temer, presidentes de los más grandes partidos conservadores del país. No hay seguridad sobre el futuro inmediato de nadie, no hay confianza en ningún aliado. La derecha está enfrentada como nunca y carente de un horizonte de recomposición. Esta es la tremenda novedad y la razón del espectáculo ridículo vivenciado por todo el país la semana pasada.

El futuro lo brindarán las próximas denuncias. Muy probablemente, integrantes recién encarcelados del círculo inmediato de Temer irán a acogerse al mecanismo de delación como forma de disminuir sus penas. El contenido de estas delaciones podrá sepultar definitivamente al ilegítimo presidente. Sin embargo, si Mendes y Temer logran antes denunciar las tramoyas de sus más recientes adversarios, quizás puedan ser estos últimos los penalizados: incluso el poder judicial y los medios, hasta ahora preservados, empiezan a aparecer en las investigaciones. La destrucción de unos solo puede ser evitada por la que sufran los otros. Cabezas muy importantes rodarán los próximos meses.

Es un momento, por lo tanto, propicio para las izquierdas. Con más problemas de los que quisiéramos vienen organizándose, alrededor de la destitución inmediata de Temer, elecciones directas en 90 días y la anulación de las reformas liberales aprobadas. Sectores próximos al PT también dedican muchos esfuerzos para denunciar las innumerables ilegalidades que se cometen en los juicios contra Lula. El PT, sin embargo, es acusado por otros sectores de la izquierda de preferir ver a la derecha desangrarse en este año para que Lula mantenga su favoritismo en las elecciones del 2018. El PT lo niega rotundamente, pero lo cierto es que en la izquierda también hay una falta de confianza difícil de sanarse. En todo caso, la huelga del 29 de mayo tuvo gran participación popular y es probable que la convocada para los días 27 y 28 de junio sean aún más fuertes.

Fora Temer!

Diretas Já!

* Danilo Assis Climaco es investigador en la UNAM, y colaborador del Programa Democracia y Transformación Global, especializado en pensamiento decolonial, feminismos y antiracismo.

Declaración de los Dialogos de Saberes y Movimientos con Hugo Blanco Galdos

Defensores del Agua y el Territorio de Piura, Cajamarca, Amazonas, Cusco, Apurímac, Arequipa, Puno y Lima, reunidos con motivo de la tercera edición del Libro de Hugo Blanco, “Nosotros Los Indios”, dialogamos sobre la situación de nuestras luchas y la necesidad de buscar formas de articularnos a nivel nacional, definimos buscar otros espacios para encontrarnos y compartir con otras luchas en defensa del territorio, como el Encuentro Nacional del Agua que se realizará en Lima el 5, 6 y 7 de julio y otros eventos regionales o nacionales que nos permitan encontrarnos.

Proponemos comenzar a caminar juntas en la organización de una Marcha Nacional de Defensa del Agua y los Territorios donde reivindiquemos la necesidad de:

  • Aprobar una propuesta de Ley de Protección de las cabeceras de Cuenca, a partir de las propuestas de algunos congresistas actuales
  • Trabajar en la construcción de una plataforma de lucha integrada.
  • Exigir el respeto al Convenio 169 de la OIT, que es Ley constitucional peruana porque fue aprobada por el Congreso.
  • Denunciar los impactos ambientales de los proyectos extractivos y agroindustriales en nuestros territorios.
  • Fortalecer las organizaciones de Base.
  • Que las mujeres puedan estar en la consulta y en la toma de decisiones en todas las instancias en los territorios, sean propietarias o no.
  • Derogación de los proyectos de Ley lesivos para la naturaleza y los Pueblos.
  • Apoyar a la Agricultura Familiar (que alimenta al pueblo peruano).
  • Realización de un Foro antes de la Marcha y una evaluación posterior para continuar articulando agendas.
  • Solidaridad con las diferentes luchas y exigir el cese de la criminalización de los defensores de la vida, como los Compañeros criminalizados de Bagua, Cajamarca, las Bambas, Tía María, Espinar, etc.Lima, 24 de mayo de 2017

Raúl Zibechi * La dictadura “democrática” de los poderosos

Nos hacen falta ideas.   La mente no piensa con información sino con ideas, como destaca Fritjof Capra en La trama de la vida. En esta tremenda transición/tormenta que vivimos, necesitamos lucidez y organización para comprender lo que sucede y para construir las salidas. Cuando la realidad se hace más compleja y la percepción se enturbia, una característica de las tormentas sistémicas, aclarar la mirada es un paso ineludible y vital.

Por eso nos atiborran con información basura, porque contribuye a potenciar la confusión. Es en este sentido que los medios juegan un papel sistémico que consiste en desviar la atención, hacer que las cosas importantes y decisivas tengan un trato idéntico a las más superficiales (un accidente en carretera tiene más cobertura que el caos climático) y tratan los temas serios como si fueran un partido de futbol.

Como sabemos, hay quienes piensan que no hay cambios mayores, que la tormenta sistémica es una crisis pasajera, luego de la cual todo seguirá su curso normal. Pero los de abajo necesitamos aguzar los sentidos, detectar los sonidos y los movimientos imperceptibles, porque nuestras vidas están en riesgo y cualquier despiste puede tener consecuencias desastrosas. No tenemos seguros de vida ni guardias privados, como tienen los de arriba.

El historiador francés Emmanuel Todd reflexiona sobre las elecciones en su país, con análisis bien interesantes. El primero, es que desde hace varias décadas existen campos de fuerzas sociales estables, que le permiten asegurar que la sociedad está dividida en dos mitades y que esa división permanece casi inalterada (goo.gl/p1i6WN).

En segundo lugar, se pregunta porqué en el pasado cuarto de siglo el rechazo al modelo neoliberal no ha crecido (en Europa), pese al aumento de la desocupación y al fracaso del euro. Analiza la población, un dato estructural que tienden a minimizar los analistas. En Francia, la población envejeció hasta seis años desde 1992 y, de hecho, los ancianos han perdido el derecho de voto, porque una salida del euro derrumbaría sus pensiones.

La segunda cuestión que contempla es la estratificación educativa. Concluye que la gente con estudios superiores produjo una oligarquía de masas y que esa élite pasó de 12 por ciento de la población en 1992 a 25 por ciento, en sólo 25 años. La conclusión estremece: una población envejecida sumada a una mayor masa oligárquica desemboca en un creciente conformismo de la mitad de la población, mientras la otra mitad de abajo se ha deteriorado notablemente desde el tratado de Maastricht de 1992.

Cuando Marx escribe el Manifiesto Comunista, la relación entre los de abajo y los de arriba era de nueve a uno. No había pensiones para los mayores y la universidad estaba reservada para las élites. Era un sistema inestable, donde 90 por ciento tenía interés en derribarlo.

Los dos cambios mencionados por Todd (demografía y educación superior) representan mutaciones profundas para quienes aspiramos a transformar el mundo. Todavía en 1960 abundaban los universitarios como el Che, dispuestos a utilizar sus conocimientos junto a los oprimidos. El sistema supo comprender que tenía un punto débil entre los jóvenes universitarios y tomó medidas.

Ahora los docentes de ese nivel ganan fortunas, hasta 30 veces el salario mínimo en varios países. Los estudiantes cuentan con becas que les permiten estirar los estudios de posgrado hasta bordear los 40 años y luego aspiran a ingresar en la élite universitaria. En el imaginario colectivo el ascenso social pasa por los estudios superiores a los que se entrega buena parte de la vida.

Immanuel Wallerstein sostenía hace tres décadas (en Marx y el subdesarrollo) que bajo el capitalismo la clase alta pasó de 1 a 20 por ciento de la población mundial. La cifra puede acercarse ahora a 25 por ciento que presume Todd para la oligarquía de masas. En América Latina las cifras deben matizarse, pero vamos hacia allá.

Es posible que estemos bordeando la dominación perfecta: sociedades divididas en partes casi iguales, entre los que necesitan patear el tablero y los que temen cualquier cambio. Una mitad conformista y la otra mitad apabullada por la cuarta guerra mundial. Por encima de ambas, 1 por ciento controla el poder estatal, el material y las democracias electorales.

A medida que se expanden las dimensiones del grupo en la cima, a medida que vamos haciendo a los miembros del grupo de la cima cada vez más iguales entre sí en sus derechos políticos, se hace posible extraer más de los de abajo, escribe Wallerstein en Después del liberalismo (página 168). Y agrega que un país mitad libre y mitad esclavo sí puede durar mucho tiempo.

Las consecuencias de estos cambios deberían llevarnos a sacar algunas conclusiones estratégicas.

Primero, la democracia se asienta en ese sector que no quiere desestabilizar el sistema, mientras la otra mitad no se siente representada. La democracia electoral tiene sentido para la mitad de arriba, pero es una cárcel para los de abajo.

Dos, para la mitad desheredada de la población, el diseño actual del capitalismo es una realidad opresiva, ya que las políticas sociales focalizadas tienden a neutralizar y dividir a quienes necesitan levantarse contra el sistema.

Los partidos de centro-izquierda recogen las aspiraciones, y los miedos, de esa mitad de la población que sólo quiere cambios cosméticos y cuyo ejercicio político excluyente es votar cada cinco o seis años y asistir a mítines para aplaudir a sus caudillos.

La mitad de abajo no puede confiar en un sistema político que funciona como una dictadura democrática. Una estructura política con total libertad para la mitad de arriba puede ser la forma más opresiva que se pueda imaginar para la mitad de abajo, sigue Wallerstein.

Los que viven en la zona del no-ser, en palabras de Fanon, son los que resisten y construyen otros mundos, por mera necesidad de sobrevivir. Pero son bombardeados por la fantasía de que pueden cambiar su destino sin quebrar el sistema.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/05/12/opinion/022a2pol

* Raúl Zibechi es colaborador del PDTG

Rocio Silva Santisteban * Hugo Blanco

Conocí a Hugo Blanco en los 70, en un programa de televisión llamado “El pueblo quiere saber”, dirigido por una joven y seria Jenny Vásquez Solís. Se trataba de un formato de preguntas cruzadas sobre temas diversos. Esa noche el legendario dirigente campesino cusqueño se presentó con ojotas y un pantalón de drill amarrado con una soga que, a diferencia de los enternados políticos de siempre, causó impacto de inmediato. Mi abuelo, que conocía la historia de Blanco en el Valle de la Convención, me conminó a escucharlo.  Era frontal, directo, no solapaba las preguntas, al contrario, las confrontaba con gran elocuencia. Es que Hugo sabe, como le dijo a su hija Carmen muchos años después, que “el deber de todo revolucionario es ser pedagógico”.
Unos años más tarde, cuando yo cumplí 15, le pedí cargosamente a mi padre que me lleve a la Asamblea Constituyente. Ahí vi a Haya de la Torre, a Luis Alberto Sánchez, pero también nuevamente a Hugo Blanco y otro dirigente troskista de gran personalidad, Ricardo Napurí. El debate, a pesar de ser tenso, tenía un alto nivel de argumentación. En el aire se respiraba un gran respeto por el oponente, con quien se disentía de manera racional y hasta cortés. Blanco era apasionado y terco, pero siempre con los modales de los campesinos cusqueños, escuchando atentamente al otro, para después rebatir. Hoy, a los 82 años, Hugucha Blanco, el niño mestizo hijo de acomodados burgueses, que optó por convertirse, a la manera de Arguedas, en un indio como los demás de Paruro, ha publicado sus memorias en “Nosotros los indios” bajo la edición del PDTG, Lucha indígena y el Centro Bartolomé de las Casas del Cusco.
Blanco escribe muy bien: sus cartas, sus historias, sus recuerdos, tienen la fascinante marca del sentir quechua, con una ternura nunca encontrada en textos de otros políticos peruanos, excepto en algunas cartas de Vallejo y del propio Arguedas.  Hugo Blanco usa el quechuañol para conceptualizar a la naturaleza como ser vivo y entender que el territorio no es solo “una propiedad” para el indígena sino parte misma de su ser. Por eso, por su insistente lucha por la tierra, Hugo Blanco es uno de los pocos dirigentes de izquierda de los setenta, que hoy ha podido dar un giro significativo hacia otra lucha reivindicativa: por el medio ambiente. Blanco lo resume de manera implacable: “antes luchaba por el socialismo, hoy se trata de la lucha por la supervivencia de la especie”.
En el libro podemos encontrar también al Hugo Blanco que reivindica las luchas feministas, aclarando que se trata de combates contra el sistema patriarcal y machista, no contra los varones. En esa misma lógica, sostiene que la batalla de los indios debe ser contra el racismo, no contra el blanco o mestizo. Pucallpa, Bagua, Cajamarca, La Convención, las historias del zapatismo en Chiapas y de los mapuches al sur de Chile acompañan la vida de este político peruano que reivindicó como suya la historia de “los escupidos del escupitajo más sucio”. Por eso aún hoy, entre los cerros de Lares, retumba el grito “tierra o muerte: venceremos”.
* Publicado originalmente en La Republica, en base de la presentación de libro en Lima.

Milton Sanchez * Hugo Blanco, El Celendino

Iniciamos la Gran Marcha Nacional del Agua en la laguna Cortada, en la provincia de Celendín. Miles de compañeros y compañeras despedían a las delegaciones que, luego de hacer una ceremonia de pago al agua, a nuestras lagunas, nos dirigíamos al encuentro de nuestros hermanos de Bambamarca que hacían lo mismo en la laguna Mamacocha. En el trayecto a Cajamarca me informaron que Hugo Blanco llegaría a esta ciudad para acompañarnos en la marcha hasta la ciudad de Lima.

Lo único que sabía de él es que era un conocido dirigente de izquierda en el Perú, por lo tanto, imaginaba una persona seria, que hablaba del pueblo, la lucha de clases, del proletariado, pero que estaba de acuerdo con proyectos mineros como Conga y que, como muchos de ellos, se sumaron no por lo dañino de este proyecto, sino por lo que políticamente significaba estar fuera de este movimiento.

La marcha crecía en cada pueblo por la que pasaba, la solidaridad se podía sentir y ver en los ojos de miles de personas cuando nos deteníamos a explicar por qué íbamos a Lima, ¡esta gente lucha por su agua!, ¡estamos con ustedes!, nos decían, y nos acompañaban varios kilómetros de nuestro recorrido.

Entre la multitud me señalaron a una persona que calculaba de unos 75 años, de llanques, sudoroso a consecuencia no solo de la extenuante caminata y del intenso calor, sino porque llevaba sobre los hombros una inmensa mochila que contenía aproximadamente 300 ejemplares de la revista Lucha Indígena, en la que se hablaba de las resistencias de diferentes pueblos del Abya Yala. Claramente él no era de las élites, de los burós políticos de los partidos de izquierda que tenemos, pensaba. Esa fue mi primera impresión al verlo.

Cuando Hugo Blanco llega a Celendín, en distintas asambleas contaba su experiencia de lucha, con la que nos sentíamos profundamente identificados, ese “… indios ladrones, sinvergüenzas, vamos a matarlos como a perros”, que los hacendados lanzaban a los campesinos de La Convención y Lares, se repetía reactualizado en nosotros. En Celendín iniciamos la defensa de nuestras lagunas, del agua frente al proyecto minero Conga, no porque éramos una población profundamente ideologizada, roja o comunista, sino porque este proyecto atenta directamente contra nuestra vida, nuestra subsistencia.

Él nos decía que antes luchaba por una sociedad más justa, pero ahora la destrucción de la madre naturaleza es tal, que ahora lucha por la supervivencia de la especie humana. Admiramos en Hugo esa fuerte conexión con la Pachamama, con el mundo indígena, esa misma que en Celendín nos fue arrebatada, reemplazándola por la añoranza a la descendencia española y que nos deja la tarea ineludible de encontrarnos a nosotros mismos para acabar con el capitalismo o este terminará con nosotros.

Hugo Blanco nos visita constantemente y se ha convertido en un verdadero shilico; con sus cerca de 82 años encima, estuvo con nosotros cuidando y vigilando las lagunas a los 4100 msnm, soportando la fuerte lluvia, el viento, el frío, no apoyando, sino porque él es uno de nosotros, buscando no solo la justicia social, sino ahora luchando por preservar la vida, la especie humana, amenazada por el modelo extractivista. Nos reunimos con él, siempre chacchando nuestra hermana coca, compartiendo, escuchando, aprendiendo, motivándonos; y como ocurre siempre en ese espacio íntimo que propicia nuestra hoja sagrada, conocimos la dimensión humana de nuestro tayta Hugo.

La asamblea, deliberando y comprendiendo que la lucha es larga y que tenemos la responsabilidad de incorporar a las nuevas generaciones, decidió crear la escuela de formación política que por unanimidad la llamamos: Escuela Hugo Blanco. Él está en Espinar, él está en Cañaris, él está en Islay, él está con los mapuches, él está con los zapatistas, y por lo mismo, siempre está en Celendín.

* Milton Sanchez Cubas es el coordinador de la Plataforma Interinstitucional Celendina

** el imagen de esta publicación ha sido disenhado por Alvaro Portales

Eduardo Galeano * Hugo Blanco nació dos veces

En el Cusco, en 1934, Hugo Blanco nació por primera vez.

Llegó a un país, Perú, partido en dos.

Él nació en el medio.

Era blanco, pero se crió en un pueblo, Huanoquite, donde hablaban quechua sus compañeros de juegos y andanzas, y fue a la escuela en el Cusco, donde los indios no podían caminar por las veredas, reservadas a la gente decente.

Hugo nació por segunda vez cuando tenía diez años de edad. En la escuela recibió noticias de su pueblo, y se enteró de que don Bartolomé Paz había marcado a un peón indio con hierro candente. Este dueño de tierras y gentes había marcado a fuego sus iniciales, BP, en el culo del peón, llamado Francisco Zamata, porque no había cuidado bien las vacas de su propiedad.

No era tan anormal el hecho, pero esa marca marcó a Hugo para siempre.

Y con el paso de los años, se fue haciendo indio este hombre que no era, y organizó los sindicatos campesinos y pagó con palos y torturas y cárcel y acoso y exilio su desgracia elegida.

En una de sus catorce huelgas de hambre, cuando ya no aguantaba más, el gobierno, conmovido, le envió de regalo un ataúd.

15 noviembre, 2012 – Incluido en la nueva edición de Nosotros los Indios

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Claudia Korol * Cuando el horizonte es un pañuelo

“Escribir ahora… es solo un recurso para retener en mi cuerpo este instante de intensa calma, y para decir: No hay genocida que se pueda salvar de la rabia memoriosa de este pueblo. No hay 2×1 que valga, ni reconciliación posible”.

40 años atrás, en octubre de 1977, algunas madres que se venían reuniendo en la Plaza de Mayo para pedir información sobre sus hijos e hijas desaparecidos decidieron participar de una peregrinación religiosa que organizaba la Iglesia Católica hacia la Basílica de Luján. Era un modo de hacerse ver, de denunciar, en una acción colectiva permitida por la dictadura. Pero… ¿cómo encontrarse entre la multitud? Alguien propuso que se pusieran en la cabeza, un pañal de sus hijos. No había entonces pañales descartables, y las madres solían guardar cuidadosamente el primero que habían usado sus niños y niñas. Ese pañal como pañuelo blanco, el recuerdo de sus niños o niñas recién nacidos, se fue volviendo con el tiempo símbolo y contraseña. Un modo de reconocerse.

Pasaron desde entonces muchos jueves, siempre en la Plaza de Mayo. Algunas Madres quedaron  sembradas en el territorio de la cita de los jueves. Sus huellas para siempre en la Plaza… y en nuestras conciencias. 40 años después, el pañuelo vuelve a ser contraseña para el encuentro. (Me imagino que en los próximos siglos se leerá en los diccionarios: “Pañuelos blancos: contraseña de un pueblo con memoria”). El 10 de mayo del 2017, las Madres, los Hijos/as de desaparecidos/as, las Abuelas, los nietos/as, los ex detenidos desaparecidos/as, las ex presas y los ex presos de la dictadura, quienes regresaron de los exilios internos y externos, la generación sobreviviente compañera de los/las 30.000… y tantas y tantos, nos encontramos con una incontenible emoción, en una marea de gestos cómplices, abrazos, palabras y silencios. ¿Medio millón de personas en la Plaza de Mayo y todas las Avenidas que llegan a ella? ¿Otro medio millón o más en el resto del país? 30 veces 30.000… y más.

Fue difícil llegar y difícil irse. Pero todo se hizo con un cuidado y una energía que se transmitía por los ojos, la voz, la mirada. El subte desbordaba de gente que cantaba: “Como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”. Seguramente nadie de quienes cantábamos la consigna conocida sacaba cuentas en ese momento, de que un día antes, el 9 de mayo, se habían cumplido 72 años de la derrota del nazismo, esa serpiente que dejó sus huevos en tantas partes, incluido el Ejército argentino. Paradojas de la historia. Pensé en Bertold Brecht y su Oda de la Dialéctica. “¡Quién aún esté vivo no diga jamás! / Lo firme no es firme./ Todo no seguirá igual. / Cuando hayan hablado los que dominan,/ hablarán los dominados”. Pensé a Walter Benjamin invitándonos a “peinar la historia a contrapelo”. Pensé a Rosa Luxemburgo, escribiendo la noche anterior a ser asesinada: “‘¡El orden reina en Varsovia!’, ‘¡El orden reina en París!’, ‘¡El orden reina en Berlín!’, esto es lo que proclaman los guardianes del ‘orden’ cada medio siglo de un centro a otro de la lucha histórico-mundial. Y esos eufóricos ‘vencedores’ no se percatan de que un ‘orden’ que periódicamente ha de ser mantenido con esas carnicerías sangrientas marcha inevitablemente hacia su fin”. Todo eso pensé… como ejercicios de evasión del subterráneo,  donde aun ahogándonos del apretón seguíamos cantando: “Como a los nazis, les va a pasar”…

Salí del subte como parte de un río cantarín. Con alivio respiré el aire frío de la calle. Sentí el gusto ya conocido de caminar por la ciudad de Buenos Aires, en los días en que el pueblo la invade y la hace suya. La revuelta de corazones acuerpados me sacudió el alma. Sentí una sensación insolente de poder popular. Temporal, acotado, pero potente. La historia plebeya de nuestro continente tiene esos momentos de rebeldía que encienden luces para andar los caminos.

Llegué sola a la Plaza de Mayo. No lograba encontrarme con mis compas, y sin embargo sabía que estaba acompañada. Había mucha gente desencontrada por todos lados, que tomaba el desencuentro con una sonrisa. Lo comentaban con los vecinos de plaza, en donde de nuevo lo único que se sentía era un cerrado apretujón. Había algo único y casi solemne en la jornada. Abuelas/os, Madres, hijos/as, nietas/os, bisnietos/as. Distintas generaciones nos aunamos para escribir una misma historia. En un ritual invisible, vimos como de generación en generación, se pasaba la posta. Una posta de sueños, de proyectos, de exigencia hacia nosotros y nosotras. Porque no siempre podremos esperar que las Madres nos convoquen, para andar unidos los tramos necesarios. Pasar la posta es crecer como pueblo junto a ellas, que nos regalan esta Plaza en la que milagrosamente el 2×1 pareciera caerse a pedazos… al tiempo que cae la credibilidad social en los supremos jueces que lo decretaron. La Corte de la infamia, que ya tambalea a poco de dar el zarpazo.

Charquitos de lágrimas se formaban a medida que nos reconocíamos quienes nunca nos habíamos visto, pero vibrábamos emociones semejantes. Quienes ayer y seguramente mañana continuaremos disputando proyectos políticos diferentes y hasta opuestos, pero que sentimos la importancia de pararles la mano al poder de los fachos, de contragolpe… Y supimos hacerlo.  “A dónde vayan los iremos a buscar”.

Muchos carteles escritos a mano nos conmovían. Como el que levantaba un muchachito muy serio y muy solo. “Son 30.000. Uno de ellos es mi abuelo, que lo llamaban el Negro”. Miles de homenajes íntimos como éste escriben la historia de un pueblo.

En un momento me asaltó un sentimiento que me dio al mismo tiempo orgullo y vergüenza. “Me siento feliz de ser argentina en este rato”. Después de años de cultivar con fuerza y ternura el internacionalismo, de creer y querer un mundo sin fronteras, el bichito argentino me picó… y me rasqué con gusto. Sentí el temor, el riesgo de confundirme en un relato burdamente nacionalista. Me miré con severidad… Me perdoné. Supe que no era el caso. Que inmediatamente, nuestro andar de pueblo se entregaría a la memoria colectiva de Nuestra América, como quien devuelve un poquito de lo mucho que nuestros hermanos pueblos nos han enseñado en tantos siglos de resistencias indígenas, campesinas, obreras, populares. Cuba, Venezuela, Bolivia, los pueblos de Centro América, las tantas revoluciones en los tantos rincones del Abya Yala. Como en una película desfilaban pueblos y compañeras/os. Les dije en voz baja para que me escuchen entre tanto griterío: “Acá va un soplo de oxígeno, desde el sur del mundo”.

El escenario dejó de ser el lugar del allá arriba. La escena era la Plaza, las calles, las miradas. La desconcentración fue lentísima. Duró horas. Mientras tanto, comenzaron a girar las imágenes y relatos, prolongando lo vivido. Los bares llenos de gente que cantaba, que reía, que continuaba los abrazos.

Escribir ahora… es solo un recurso para retener en mi cuerpo este instante de intensa calma, y para decir: No hay genocida que se pueda salvar de la rabia memoriosa de este pueblo. No hay 2×1 que valga, ni reconciliación posible.

El horizonte, ahora, es un pañuelo blanco.

Nuestro camino, el de todos los días: organizar la rebeldía.

* Texto publicado originalmente en Marcha.org.ar

 

Raúl Zibechi * La era de la ingobernabilidad en América Latina

La desarticulación  geopolítica global se traduce en nuestro continente latinoamericano en una creciente ingobernabilidad que afecta a los gobiernos de todas las corrientes políticas. No existen fuerzas capaces de poner orden en cada país, ni a escala regional ni global, algo que afecta desde las Naciones Unidas hasta los gobiernos de los países más estables.

Uno de los problemas que se observan sobre todo en los medios, es que cuando fallan los análisis al uso se apela a simplificaciones del estilo: Trump está loco, o conjeturas similares, o se lo tacha de fascista (que no es una simple conjetura). Apenas adjetivos que eluden análisis de fondo. Bien sabemos que la locura de Hitler nunca existió y que representaba los intereses de las grandes corporaciones alemanas, ultra racionales en su afán de dominar los mercados globales.

Del lado del pensamiento crítico sucede algo similar. Todos los problemas que afrontan los gobiernos progresistas son culpa del imperialismo, las derechas, la OEA y los medios. No hay voluntad para asumir los problemas creados por ellos mismos, ni la menor mención a la corrupción que ha alcanzado niveles escandalosos.

Pero el dato central del periodo es la ingobernabilidad. Lo que viene sucediendo en Argentina (la resistencia tozuda de los sectores populares a las políticas de robo y despojo del gobierno de Mauricio Macri) es una muestra de que las derechas no consiguen paz social, ni la tendrán por lo menos en el corto/mediano plazos.

Los trabajadores argentinos tienen una larga y rica experiencia de más de un siglo de resistencia a los poderosos, de modo que saben cómo desgastarlos, hasta derribarlos por las más diversas vías: desde insurrecciones como la del 17 de octubre de 1945 y la del 19 y 20 de diciembre de 2001, hasta levantamientos armados como el Cordobazo y varias decenas de motines populares.

En Brasil la derecha pilotada por Michel Temer tiene enormes dificultades para imponer las reformas del sistema de pensiones y laboral, no sólo por la resistencia sindical y popular sino por el quiebre interno que sufre el sistema político. La deslegitimación de las instituciones es quizá la más alta que se recuerda en la historia.

El economista Carlos Lessa, presidente del BNDES con el primer gobierno de Lula, señala que Brasil ya no puede mirarse al espejo y reconocerse como lo que es, perdido el horizonte en el marasmo de la globalización (goo.gl/owd24y). El aserto de este destacado pensador brasileño puede aplicarse a los demás países de le región, que no pueden sino naufragar cuando las tormentas sistémicas acechan. En los hechos, Brasil atraviesa una fase de descomposición de la clase política tradicional, algo que pocos parecen estar comprendiendo. Lava Jato es un tsunami que no dejará nada en su sitio.

El panorama que ofrece Venezuela es idéntico, aunque los actores ensayen discursos opuestos. De paso, decir que atender a los discursos en plena descomposición sistémica tiene escasa utilidad, ya que sólo buscan eludir responsabilidades.

Decir que la ingobernabilidad venezolana se debe sólo a la desestabilización de la derecha y el imperio, es olvidarse que en la prolongada erosión del proceso bolivariano participan también los sectores populares, mediante prácticas a escala micro que desorganizan la producción y la vida cotidiana. ¿O acaso alguien puede ignorar que el bachaqueo (contrabando hormiga) es una práctica extendida entre los sectores populares, incluso entre los que se dicen chavistas?

El sociólogo Emiliano Terán Mantovani lo dice sin vueltas: caos, corrupción, desgarro del tejido social y fragmentación del pueblo, potenciados por la crisis terminal del rentismo petrolero (goo.gl/DW8wkQ). Cuando predomina la cultura política del individualismo más feroz, es imposible conducir ningún proceso de cambios hacia algún destino medianamente positivo.

En suma, el panorama que presenta la región –aunque menciono tres países el análisis puede, con matices, extenderse al resto– es de creciente ingobernabilidad, más allá del signo de los gobiernos, con fuertes tendencias hacia el caos, expansión de la corrupción y dificultades extremas para encontrar salidas.

Tres razones de fondo están en la base de esta situación crítica.

La primera es la creciente potencia, organización y movilización de los de abajo, de los pueblos indios y negros, de los sectores populares urbanos y los campesinos, de los jóvenes y las mujeres. Ni el genocidio mexicano contra los de abajo ha conseguido paralizar al campo popular, aunque es innegable que afronta serias dificultades para seguir organizando y creando mundos nuevos.

La segunda es la aceleración de la crisis sistémica global y la desarticulación geopolítica, que pegó un salto adelante con el Brexit, la elección de Donald Trump, la persistencia de la alianza Rusia-China para frenar a Estados Unidos y la evaporación de la Unión Europea que deambula sin rumbo. Los conflictos se expanden sin cesar hasta bordear la guerra nuclear, sin que nadie pueda imponer cierto orden (aún injusto como el orden de posguerra desde 1945).

La tercera consiste en la incapacidad de las élites regionales de encontrar alguna salida de largo aliento, como fue el proceso de sustitución de importaciones, la edificación de un mínimo estado del bienestar capaz de integrar a algunos sectores de los trabajadores y cierta soberanía nacional. Sobre este trípode se estableció la alianza entre empresarios, trabajadores y Estado que pudo proyectar, durante algunas décadas, un proyecto nacional creíble aunque poco consistente.

La combinación de estos tres aspectos representa la tormenta perfecta en el sistema-mundo y en cada rincón de nuestro continente. Los de arriba, como dijo días atrás el subcomandante insurgente Moisés, quieren convertir el mundo en una finca amurallada. Probablemente, porque nos hemos vuelto ingobernables. Tenemos que organizarnos en esas difíciles condiciones. No para cambiar de finquero, por cierto.

Raúl Zibechi es investigador y periodista uruguayo, y colaborador del Tejiendo Saberes-PDTG.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/04/28/opinion/018a1pol

Paul E. Maquet * Cuidado con la “doctrina del shock”

La “doctrina del shock” hace referencia a una idea tempranamente promovida por el fundador del neoliberalismo (esa versión extrema del liberalismo económico), Milton Friedman. Friedman señalaba que “solo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero”, y alentaba a sus seguidores a aprovechar esos momentos para lograr que “lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”. Cuando ocurrió el megadesastre producto del Huracán Katrina (2005), un ya anciano Friedman escribió: “La mayor parte de las escuelas en Nueva Orleans están en ruinas. Esto es una tragedia. También es una oportunidad para emprender una reforma radical del sistema educativo”, en el sentido de su privatización.

Fue la canadiense Naomi Klein quien investigó y sistematizó décadas de “doctrina del shock”, mostrando que ésta había sido usada en circunstancias tan diversas como la reconstrucción de Irak tras la invasión norteamericana o el tsunami en Sri Lanka el año 2004, entre otras. Esta doctrina “orienta los procesos de reconstrucción implementados como respuesta tanto a los efectos de intervenciones militares como a desastres naturales de distinto tipo, abriendo “apetitosas oportunidades de negocio” a los agentes, defensores y promotores del “capitalismo del desastre”.”, como lo denomina Klein. El objetivo: aprovechar la oportunidad para desmantelar el Estado y la lógica del bien común, y promover a nivel global el modelo de desarrollo neoliberal1.

Hoy día en el Perú, ¿estaremos presenciando una nueva arremetida de este “capitalismo del desastre” para promover reformas que en otra circunstancia merecerían mayor debate y probablemente oposición social? A la luz de la experiencia, cabe observar con atención el rol que asuma la denominada Autoridad de Recostrucción con Cambios y las decisiones del gobierno en este conexto.

Lo primero que llama la atención es que esta Autoridad cuenta en su Directorio con la presencia de cuatro ministerios (MEF, Transporte, Agricultura y Vivienda) pero excluye al Ministerio de Ambiente, que como es evidente cumple un rol clave en lo que se refiere a amenazas climáticas. El MINAM debería tener voz y voto en la definición de los famosos “cambios” que incluya la reconstrucción, toda vez que es la autoridad responsable de las políticas de adaptación frente al cambio climático.

Más aún: la Ley de creación de esta Autoridad plantea un enfoque de “desarrollo sostenible” que supuestamente “considera la gestión de riesgos frente al cambio climático, (…) el uso eficiente de la energía, la gestión integral de los residuos sólidos y el tratamiento de aguas residuales, (…) la prevención y reducción de riesgo de desastres”. ¿Quién sino el MINAM es el organismo idóneo para garantizar este enfoque? No se entiende su exclusión, salvo a la luz de una voluntad política -evidente en otras decisiones recientes- de reducir la importancia de este Ministerio en el conjunto del Estado.

En segundo lugar, es discutible el perfil de la persona elegida para cumplir con tan importante encargo: el empresario Pablo de la Flor. Como recuerda Tania Herrera en un artículo para el portal Disonancia, “en su cargado CV, donde resalta el perfil de un infatigable promotor de las inversiones privadas, no hay rastros de experiencia en ordenamiento territorial ni en mitigación de riesgos por fenómenos naturales”. Por el contrario, lo que encontramos es “amplia trayectoria en beneficio de empresas extractivas (fue vicepresidente de la minera Antamina) y en procesos de negociación de tratados de libre comercio, como el TLC Perú-Estados Unidos”. ¿Será este el mejor perfil para impulsar cambios en la gestión sostenible del territorio? ¿O se estará cometiendo, nuevamente, el mismo error de concepto que llevó a Julio Favre a la presidencia de FORSUR tras el terremoto en Ica?

Un punto poco claro es el de “obras por terrenos”. La Ley de Recostrucción con Cambios señala que “la inversión privada en el encauzamiento y escalonamiento de ríos que genere tierras aprovechables, puede ser reconocida, de acuerdo a las condiciones y modalidades de retribución o compensación para el inversionista”. Esta nueva modalidad se viene a sumar a otros dos esquemas que fomentan el retroceso del rol del Estado: las asociaciones público-privadas y las obras por impuestos. Preocupa además que esto pueda tener impacto en el proceso en curso de concentración de la propiedad de la tierra en manos de grandes inversionistas, particularmente en la costa.

Uno de los puntos importantes de la Ley es la prohibición del asentamiento de viviendas en zonas declaradas como de “alto riesgo no mitigable” así como la prohibición a funcionarios o entidades prestadoras de servicios públicos de reconocer posesión o instalar servicios en las mismas. En la medida en que esto desincentive el crecimiento urbano en zonas vulnerables, este es un paso necesario. Sin embargo, al no brindar alternativas de vivienda reales para la población, será muy difícil cumplir a cabalidad con ello, pues las personas no se asientan en zonas de riesgo porque deseen hacerlo, sino por la ausencia de alternativas accesibles. La Ley sólo menciona como mecanismo el Bono Familiar Habitacional, que existe desde hace años y como es evidente no ha solucionado el problema.

En paralelo a la reconstrucción, el Gobierno viene tomando una serie de medidas que significan un retroceso en el ordenamiento territorial y que favorecerían una lógica más vinculada a los intereses económicos que a la participación ciudadana o a la sostenibilidad ambiental. El nuevo reglamento de organización y funciones (ROF) del MINAM le quita el rol rector en el ordenamiento territorial, lo que deja en el aire los procesos de zonificación y ordenamiento de muchas regiones que ya estaban en marcha, procesos que han contado con diversas etapas de consulta y diálogo local con participación de la ciudadanía. Todo indica que este rol será ahora asumido por el flamante viceministerio de Gobernanza Territorial, adscrito a la PCM y conducido por el empresario minero Javier Fernández-Concha.

Sin duda, la reconstrucción no puede ser “volver a construir” lo mismo y bajo las mismas lógicas. Todos estamos de acuerdo en que se requiere una reconstrucción con cambios: cambios que deben orientarse hacia la prevención, la adaptación y mitigación del cambio climático, la planificación y el ordenamiento territorial, la participación social y la sostenibilidad ambiental, poniendo en el centro el bien común y el interés público. Estemos atentos ante la posibilidad de que, siguiendo la “doctrina del shock”, se pretenda utilizar esta tragedia nacional para impulsar una agenda subalterna.


Paul Maquet trabaja en CooperAcción, y es colaborador del Tejiendo Saberes-PDTG. El articulo fue publicado originalmente en la pagina Web de CooperAcción.

(1) http://revistainvi.uchile.cl/index.php/INVI/article/view/522/541

Tania Herrera * La mesa está servida. El Niño Costero como excusa neoliberal

El pasado 29 de abril se publicó en El Peruano la Ley Nº30556 que aprueba disposiciones de carácter extraordinario para las intervenciones del gobierno nacional frente a desastres y que dispone la creación de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios. Una semana después se anunció la designación de Pablo de la Flor –quien ahora tiene rango de ministro– como director de esta nueva institución. Con apoyo de la mayoría fujimorista en el Congreso, el Ejecutivo encadena una serie de medidas que sugiero revisar, por lo pronto, desde tres ángulos: (1) el papel que juegan los fenómenos naturales en la producción capitalista del espacio, (2) la avasalladora reconcentración de competencias en manos del Estado y (3) los límites del discurso a favor de la planificación.

Los fenómenos naturales y la producción capitalista del espacio

Justamente porque la producción del espacio es un fenómeno social –realidad histórica–, el espacio no es inocente. Es al mismo tiempo resultado y germen de contradicciones que se materializan desigualmente (Santos, 2000). Por eso mismo, el espacio es una síntesis provisional que puede renovarse por la acción social. La ocurrencia de fenómenos naturales, como lluvias intensas o movimientos sísmicos, abre la posibilidad de corrección de contradicciones del espacio y en el espacio. Más allá de las pérdidas humanas y altos costos por los daños en la infraestructura pública y privada, estos hechos también abren ventanas para la experimentación de medidas que permitan lograr una justa redistribución de los recursos en beneficio de los territorios afectados. La destrucción de viviendas que se construyeron en zonas de alto riesgo justifica la pronta reubicación de las familias afectadas y la movilización, con carácter de urgencia, de recursos públicos suficientes para que los afectados consigan un lugar seguro donde residir. Así, estos eventos abren la posibilidad de realizar transformaciones de tipo estructural que marchen en un horizonte de justicia social. La contraparte de las políticas estructurales (como la construcción de vivienda social para las personas más pobres) son las medidas de urgencia que, lejos de resolver el problema radicalmente, responden con efímeras intervenciones de carácter paliativo. Estas son necesarias ante la ocurrencia de un fenómeno natural, pero deben ir acompañadas de transformaciones radicales.

Nadie parece estar en contra de la reconstrucción. ¿Cuánto importa la reducción de vulnerabilidades –sociales– y la prevención de desastres a futuro? El ejecutivo parece movilizar el tema de la mitigación de riesgos como una excusa. En la Ley Nº30556 el objetivo es el crecimiento económico y la gestión de riesgos aparece, a manera de enfoque, como añadidura. Después del rol humanitario jugado por los ministros, toca la entrada en escena del Estado empresarial. El primero, sin duda, legitima al segundo: dos caras de la misma moneda. Así, el Niño Costero es una excusa para la dinamización de capital. Si no fuera así, tendríamos como director de la Autoridad a un especialista en el Fenómeno El Niño, a alguien con experiencia en ordenamiento territorial. Pero antes que a un especialista en reducción de vulnerabilidades se eligió a un Chicago boy con amplia trayectoria en beneficio de empresas extractivas (fue vicepresidente de la minera Antamina) y en procesos de negociación de tratados de libre comercio, como el TLC Perú-Estados Unidos. Y en su cargado CV, donde resalta el perfil de un infatigable promotor de las inversiones privadas, no hay rastros de experiencia en ordenamiento territorial ni en mitigación de riesgos por fenómenos naturales. ¿De qué cambios estamos hablando?

Reconcentración de competencias en manos del Estado

Muchos ven con buenos ojos la decisión de concentrar, en manos del Ejecutivo, la tarea de la reconstrucción. El argumento es, naturalmente, la inminente corrupción que se da a escala regional y local. La respetabilidad (Young, 2000) de la que goza el presidente Kuczynski y el círculo de poder inmediato a él –mujeres y hombres blancos, elegantemente vestidos– sustentan la imagen de un gobierno tecnócrata y eficiente. El centralismo camuflado en el que nos encontramos, todavía, se refuerza con discursos deslegitimadores de los gobiernos locales, tildándolos de corruptos, incapaces e ineficientes. Con esto no quiero eclipsar los actos de corrupción que seguramente existen en los gobiernos locales y regionales, pero claramente hay experiencia de múltiples cocinados de grupos de presión en petit comité a escala del Ejecutivo también. Recordemos que, Salvo Félix Moreno, todos los implicados en el caso Odebrecht estuvieron vinculados a este poder.

Hay que defender la escala municipal. Los gobiernos locales pueden resultar más permeables a la formulación de reivindicaciones ciudadanas. Las contradicciones vividas pueden ser más rápidamente visibilizadas y atendidas por políticas públicas a escala local. La re-concentración de poder en manos del Estado apunta directamente al carácter participativo de los proyectos y a los procesos territoriales ya en marcha. Representa una amenaza a la autodeterminación, un ninguneo a los difíciles avances que sí existen en materia de preservación de los ecosistemas. Por poner un ejemplo, una afrenta a la autodeterminación es la progresiva reducción del presupuesto para los municipios, a los que en los últimos años se les empuja salvajemente a privatizar servicios públicos. Esta reducción de presupuesto afecta a los municipios más pobres, los que ven limitadas sus posibilidades de realización de obras en beneficio de proyectos productivos (generalmente vinculados a actividades agropecuarias). Los costosos avances en cultura de gestión de riesgos y preservación de ecosistemas se tambalean ante los discursos hostiles a la eficiencia de los gobiernos locales. La cultura de planificación no se fortalecerá con un Estado que re-concentre competencias y desplace protagonismo a las autoridades locales.

Los límites del discurso a favor de la planificación

La planificación ha pasado de ser una mala palabra (muestra de un exceso de intervención gubernamental) a erigirse como lo que naturalmente debe hacerse en miras a un aprovechamiento racional de los recursos, aunque generalmente se la asocia a proyectar hasta dónde crecerá la mancha urbana, qué infraestructura irá dónde y cosas por el estilo. Sin embargo, la previsión de infraestructura no garantiza la reducción de desigualdades, como tampoco garantiza una adecuación a las demandas territoriales. De hecho, hoy se planifica de manera centralizada, con poca o nula participación de la población –y no precisamente a causa de desinterés ciudadano–, con objetivos de crecimiento económico (énfasis cuantitativo, como enriquecimiento de unos pocos) antes que de desarrollo (énfasis cualitativo, como expansión de capacidades humanas). Por eso es inconsistente que, desde una pretendida posición progresista, se defienda la planificación augurando las garantías a la reducción de contradicciones espaciales.

Los abanderados de la planificación son los organismos internacionales como las Naciones Unidas, cuyos grupos de expertos (en temas urbanos, de movilidad, de seguridad alimentaria, etc.) están espacialmente distribuidos, en el norte y sur global, fomentando recetas, buenas prácticas y experimentos que permitan la continuidad del sistema capitalista y un añorado enriquecimiento en modo automático. El desplazamiento de las crisis será, en buena medida, condicionado por las intervenciones de los think tanks globales y sus recomendaciones sobre dónde y cómo inyectar capitales gracias al discurso de la planificación. De ahí la importancia de la promoción de proyectos de infraestructura, muchos de ellos reservados para espacios urbanos. El capital –material y ficticio– con el que se harán las obras no es una cuestión de la que debamos pasar ligeramente. En un contexto donde la financiarización de la economía implica flujos inmateriales a lo largo y ancho del planeta, la gran movilidad espacio-temporal del capital (Harvey, 2010) explica su agilidad para escabullirse de explicaciones y rendición de cuentas. Y claro, el Estado es el garante, en última instancia, del endeudamiento público y también del privado. Hemos visto, no sin indignación y arcadas en el vientre, cómo el Fondo Monetario Internacional ha exigido a los gobiernos de Argentina, Grecia y España el rescate a los bancos antes que a su población más afectada. A estas medidas de presión internacional les debemos los  recortes nacionales en servicios de salud, educación, vivienda, justicia y un triste etcétera.

De la Flor tiene un plazo de tres meses para presentar el Plan de reconstrucción, para cuya ejecución se ha anunciado un Fondo de 20 mil millones de soles. Los inversionistas deben estar rondando como moscas alrededor de lo que seguramente serán discretos espacios de negociación, donde promocionarán una jugosa cartera de proyectos a ejecutarse vía alianzas público-privadas. Parece que los estragos de un fenómeno natural son una bendición para un Estado capitalista que, de esta manera, tiene la excusa perfecta para demoler, quitar escombros e inyectar cemento por doquier, vía el endeudamiento y la perfecta excusa de la reconstrucción. El argumento de la urgencia parece acallar pretensiones de contestación y, además, parece haber legitimación desde la academia, pues hasta el momento ninguna universidad ha chistado. Ya pasaron los meses en que vimos al Estado capitalista tomando y repartiendo platos mientras la olla se le desbordaba. Ahora que la mesa está servida, caen las máscaras y empieza la función.

Referencias

Harvey, D. (2010). Géographie et capital. Vers un matérialisme historico-géographique, Paris: Syllepse.

Santos, M. (2000). La naturaleza del espacio: técnica y tiempo, razón y emoción, Barcelona: Ariel.

Young, I. (2000). La justicia y la política de la diferencia, Madrid: Cátedra.