Raphael Hoetmer * “Esta democracia ya no es democracia…” Siete hipótesis exploratorias sobre biopolítica extractivista, la criminalización de la disidencia, y alternativas

En el mes de mayo de 2013 las movilizaciones en Espinar demandaron un mayor aporte de la empresa minera al desarrollo provincial, y una solución para la contaminación ambiental en la provincia, siguiendo un patrón histórico de movilización por la dignidad espinarense, como parte de una suerte de negociación permanente y callejera con la empresa minera. En este sentido, no constituyeron una agenda “anti-minera” como plantearon gran parte de los medios de comunicación. Sin embargo, las protestas fueron reprimidas violentamente, dejando dos personas muertas, y varios detenidos y enjuiciados, incluyendo activistas de la respetada Vicaría de Solidaridad de la Prelatura de Sicuani. A ello se sumó la detención violenta y sin precedentes del alcalde de Espinar, Oscar Mollohuanca.[1]

Alrededor del conflicto en Espinar, el gobierno central declaró dos veces el estado de emergencia en el norte del país, en las provincias de Hualgayoc, Celendín y Cajamarca para callar las protestas en contra del proyecto Conga. La primera vez en diciembre de 2011 tras el quiebre del diálogo entre el gobierno central y las organizaciones y autoridades estatales cajamarquinas, cuyo pedido de poder consultar con sus bases los acuerdos negociados con el gobierno central fue rechazado. El segundo estado de emergencia en julio de 2012 se dio tras la violenta represión de las protestas en Celendín y Bambamarca que resultó en cinco muertos. El estado de emergencia no fue acatado plenamente por los pueblos de Celendín, y particularmente Bambamarca donde las protestas siguieron. En la capital regional Cajamarca, el líder ambientalista y político Marco Arana fue detenido violentamente por sentarse en la Plaza de Armas con un aviso “Agua Sí. Oro No”.[2] Posteriormente, en un acto sin precedentes, el gobierno central bloqueó las cuentas bancarias de la Municipalidad Provincial de Espinar y del Gobierno Regional de Cajamarca en respuesta al apoyo de ellos a las organizaciones sociales en protesta.

Estas respuestas autoritarias fueron significativas, ya que confirmaron el patrón que movilizaciones en torno de proyectos mineros son respondidos con la violencia estatal, antes de que sean canalizados por mecanismos democráticos, pero ahora en el contexto del gobierno nacionalista de Ollanta Humala. Como candidato presidencial, Humala había sido muy crítico a la realidad de la minería en el país, y en visita a Cajamarca había expresado su apoyo a la oposición al proyecto Conga en la plaza de Bambamarca.[3]

Los sucesos en Espinar y Cajamarca me hicieron acordar el canto de organizaciones de mujeres andinas, en un ritmo de huaino: “Esta democracia ya no es democracia”.[4] Lo que plantearon las mujeres quechuas y cajamarquinas fue que la expansión del modelo extractivista y la cultura de desarrollo actual, implicaba la desdemocratización de la democracia, excluyendo de ella propuestas de vida distintas al extractivismo. En la misma dirección, el reconocido analista político Santiago Pedraglio se preguntaba, a propósito de los sucesos en Espinar si estuviéramos siendo testigos de la conformación de un gobierno minero-militar en el Perú.[5]

Lo cierto es que en el escenario de conflictos socioambientales y luchas eco-territoriales, más que el futuro de distintos proyectos mineros, se configuran –históricamente y en la actualidad- la democracia, ciudadanía y modo de vida en territorios concretos, como también en la sociedad peruana en general. Frente a ello, este artículo es una exploración. Un compartir de una serie de hipótesis que he venido trabajando en el acompañamiento a organizaciones y comunidades afectadas por la minería, y que me parecen útiles para discutir y considerar. Mi propósito principal es tratar de entender una serie de tendencias en el escenario del extractivismo contemporáneo, particularmente encarnado en la minería, en el Perú, y sus implicancias para los proyectos de transformación social en el país. A la vez, es un texto más de inicio que de una culminación de un proceso de análisis, que parte de la idea de que hay cambios de fondo en las condiciones, formas, métodos, consecuencias, pretensiones, impactos y reacciones a los (mal) llamados conflictos socio-ambientales.

Ver el texto completo aquí: Biopolitica extractivista, criminalización de la protesta y alternativas2.0

[1] Ver para un análisis más preciso del caso espinarense: Borda (2013) y Mollohuanca (2013).

[2] La detención se puede ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=4Bw8FCelp8w.

[3] Ver el discurso de Humala en Bambamarca: https://www.youtube.com/watch?v=EVgGQCl79do.

[4] Las escuché en una marcha durante la Cumbre Continental Indígena que se realizó en 2010 en Puno, en la cual la actividad minera fue uno de los temas centrales. Años después escuché la misma frase en una canción distinta en Cajamarca.

[5] Ver: http://peru21.pe/2012/06/01/opinion/espinar-gobierno-minero-militar-2026735.

Gina Vargas * Giro conservador y desafíos para el Perú y América Latina. Encrucijada civilizatoria en un contexto de cambio de época. (Reflexiones en proceso)

I. Panorama global: Crisis civilizatoria

Es ya evidente que en los inicios del siglo XXI vivimos un momento histórico excepcional en América Latina y a nivel global. Momento excepcional e incierto. Como humanidad, estamos enfrentados a  múltiples y simultáneas crisis que para muchas y muchos, expresa la gestación de una crisis de carácter civilizatorio,  porque pone en cuestión los fundamentos mismos de la actual hegemonía, sustentada en un patrón de acumulación y un tipo de desarrollo  “sin fin”, que consagra  formas de vida inviables no solo para el conjunto de la humanidad sino para la sobrevivencia misma del planeta.

No es cualquier crisis: es la crisis de un modo de vida, con todo lo que incluye, con sus formas de economía, política, ecología, ética, conocimiento, subjetividad. “Es una crisis de la modernidad capitalista que ha sido el patrón civilizatorio dominante por más de 500 años”.  Es  también una crisis epistémica, sobre la forma de conocer, sobre como interrogar la realidad. Y  ello está teniendo tremendo impacto en los imaginarios y las prácticas de los actores y actoras sociales, alimentando la posibilidad, en el horizonte, de  apelar a la construcción de “otros mundos posibles”, como propuso desde sus inicios el Foro Social Mundial. O como propuso desde su inicio la revolución zapatista, “un mundo donde quepan muchos mundos”.

Hay diferentes miradas sobre este momento histórico.

Para algunxs expresa un ciclo de 100 años que llega a su fin, desde la implantación de la revolución industrial hasta los dramáticos cambios a una sociedad informatizada y tecnificada, con otras formas de trabajo y de explotación, y también de realización. Somos testigxs de un momento histórico por los dramáticos cambios que contiene.

Para otros, como Immanuel Wallerstein[1] estamos viviendo una crisis estructural del sistema mundo moderno, que comenzó alrededor de los años 70 y durara otros 20-40 años…. Para él, el sistema capitalista como tal ha entrado en una fase de declive inevitable. Esto quiere decir que no existe ninguna politica gubernamental que pueda restablecer el funcionamiento del capitalismo como sistema viable.

Para otros más, como Laurence Cox[2], sociólogo irlandés, la pregunta principal no es si el neoliberalismo está terminando, pues estos proyectos hegemónicos tienen generalmente una vida corta (pensada en términos macro), inducida por la decreciente habilidad de responder a los intereses de los miembros claves que sustentan sus alianzas. La pregunta real es mas sobre cuánto más daño hará el neoliberalismo en su proceso de agonía y  muerte prolongada, y aun más importante con quién y cómo puede ser reemplazado.

Una idea interesante, levantada por los zapatistas y recreada por Raúl Zibechi[3] es la de Colapso. En esta reflexión, el definir el momento actual como crisis no alcanza para nombrar lo que estamos empezando a vivir  y a sufrir, no es interrupción del orden existente  en un periodo más o menos acotado y, que luego de un tiempo, se vuelve todo a reacomodar. Lo que se está viviendo, el pasar de un mundo unipolar a uno multipolar, de un mundo capitalista a un poscapitalista, en un contexto de caos y destrucción climática, sin energías renovables,  etc., no tiene nombre conocido. Los zapatistas proponen analizar todos estos fenómenos como “colapso del sistema”, relacionada con la crisis del capitalismo pero no reducida a ella, ya que  el grado de complejidad es mucho mayor, la concentración de poder mucho más grande…. Y ello implica un horizonte de luchas mucho más complejo también. Utilizando la imagen de la hidra, el capitalismo de mil cabezas, estratégicamente es claro que no basta derrotar una, porque crece de nuevo o es llenada por la arremetida de las otras… o sea, al capitalismo no se lo derrota de un solo golpe, ni en tiempo breve. Frente al colapso de lo existente es urgente alimentar  un cambio de paradigma civilizatorio y el surgimiento de otros parámetros en las formas de organizar, de pensar, de percibirnos a nosotros y nosotras mismas

Los hechos más saltantes de esta ofensiva de radicalismo neoliberal que pretende recuperar lo perdido – o evitar el colapso – se expresa en disputas crecientes de las fuerzas neoliberales por  afianzar su  capacidad politica,  para recapturar el control político del aparato del estado (Emilio Tadei[4]).  A partir de la crisis del 2008, en los países del norte,  dice Emilio, hay intentos de  transferencia de los costos hacia el sur, buscando la desaceleración económica y erosión relativa de expectativas sociales para lo cual se buscó potenciar a las clases dominantes locales para avanzar y reganar el poder del estado, lograr recortes drásticos del gasto público, facilitar la reconcentración de la riqueza. Ello se traduce tanto en las agendas de las derechas que hoy llegan al poder como en los golpes de estado “blancos” que hemos experimentado en los últimos años en la región.

La elección de Trump refleja y consagra una tendencia general que se está dando en la dinámica internacional: el enorme avance de proyectos políticos, sociales y culturales conservadores sustentados en el racismo, xenofobia, homofobia, intolerancia en general. Es una propuesta de naturaleza fascista cuya expresión más brutal es el rechazo a lxs inmigrantes y desplazados de las guerras y el terror.  Ha habido también una clara modificación de la escena politica, donde Trump es solo una – quizá la más vocal en el odio racial y mezquindad económica –  de sus manifestaciones. Está también Brexit en Europa, junto con la crisis de la Unión Europea. Y están los evidentes cambios geopolíticos,  con China, Rusia, Oriente Medio. La creciente conflictividad en Turquía, en Indochina, ambas semidictaduras, confrontando también a Estados Unidos. Y un recrudecimiento del terrorismo islámico.

Nunca además ha habido, como ahora,  tantos desastres humanitarios, producto de las guerras internas, entre países, y amenazas nucleares (en 2015, ha habido 65 millones de migrantes, desplazados, sin sitio donde llegar).  Ni ha habido tantos desastres naturales frente a la impunidad de las dinámicas capitalistas y la indiferencia de los gobiernos en relación al cambio climático, que ya  ha afectado, como sostienen lxs ecologistas,  a todos los sistemas terrestres, de agua dulce y marinos y a las especies que habitan el planeta.

Es evidente, como señalan las economistas feministas,  que la crisis actual del capitalismo muestra la imposibilidad de este sistema para generar vidas vivibles.

Ahora bien, en este incierto panorama, otra dimensión central del neoliberalismo  es  el de ser un proyecto político cultural, con consecuencias económicas. Es un proyecto de sociedad que busca la transformación radical del tejido social en sí mismo, al servicio de un proyecto hegemónico,  de control económico y afianzamiento político-cultural con valores individualistas, hacia la sociedad de consumo, donde la ciudadanía se valora por su acceso al mercado y no por el reconocimiento de derechos a una vida vivible.   Frente a ello,  muchas de las respuestas de diversos movimientos sociales ha sido el generar  significativos núcleos de resistencia que son, potencialmente, contrahegemónicos.  Ha habido reacciones y enormes e inesperadas movilizaciones. América del Norte, África del Norte, Medio Oriente, Europa, con los Occupa, los Indignados, la Primavera Árabe, Black Lives Matters, etc. Algunos han sido  momentáneamente vencidos por la fuerza del poder neoliberal y patriarcal.

Ello nos evidencia que la dimensión contracultural es un terreno crucial de lucha para todos los movimientos, especialmente los movimientos  que buscan tener capacidad  de movilización y propuestas transgresoras de cambio.

Porque esta es, indudablemente,  una lucha por una nueva hegemonía capaz de expresar las nuevas fuerzas y coordenadas de cambio. Es uno de esos momentos que Antonio Gramsci llamó certeramente  de interregno: un intermedio, desconcertante e incierto, entre lo que ya fue y lo que  aun no termina de llegar.  Y lo que ya fue se expresa – para poder seguir siendo – de una manera brutal: oscurantismos, violencia, fundamentalismos, violación de derechos humanos, feminicidios. Todos síntomas mórbidos, del avance despiadado para recuperar lo perdido.

II.  America Latina

Nuestra región no es para nada ajena a estos procesos. Sus impactos han sido potentes. Este giro conservador  busca  la recuperación del tiempo perdido como diría Proust. Recuperación que implica eliminación de derechos  de las personas, de la naturaleza. Lo que se facilita por la radicalidad con que se aplica hoy el paradigma neoliberal [5] y su lógica extractivista,  de acumulación por desposesión de tierras, cuerpos, territorios,  propiciando medidas que otorgan a las empresas más recursos y control de los flujos comerciales regionales y globales[6]. Existen canales débiles de  transparencia y rendición de cuentas y sin la adecuación necesaria al marco internacional de derechos; sin confrontar la amenaza del cambio climático…

Otras características de la región ahondan esta incierta dinámica: un avance alarmante de la corrupción, un desprestigio creciente de la clase política. La existencia de  procesos de interrupción arbitraria de los mandatos de presidentes electos, utilizando medidas y recursos democráticos para acciones profundamente antidemocráticas, (como sucedió en 2009 en Honduras, en 2012  en Paraguay y ahora, en 2016 en Brasil),    complejizan el panorama.  Hay una violación flagrante de  los principios democráticos y constitucionales del estado laico, debilitando la cultura secular, al fortalecer fundamentalismos religiosos, la misoginia, la homofobia, el conservadurismo en general y el relativo a los cuerpos de las mujeres en particular, especialmente sus derechos sexuales, sus derechos reproductivos y su derecho a decidir.

Junto con estas dramáticas características, ha habido una extensión- profundización de la criminalización de la protesta de las organizaciones feministas y de diversidad sexual, la represión y asesinato de los y las defensoras de derechos humanos  y de las poblaciones campesinas e indígenas que luchas en contra del extractivismo y por la defensa de los territorios, como el caso de Máxima Acuña en Perú. Y el escandaloso asesinato, aunque no el único, de Bertha Cáceres, en Honduras, cuyo crimen sigue en total impunidad.

En estas circunstancias, es increíble que sea la CEPAL la que anuncie muy claramente en sus últimas conferencias intergubernamentales que no es posible pretender ningún cambio en los próximos años (refiriéndose a la agenda 2030 cuyo cumplimiento ha sido asumido como compromisos gubernamentales), si no hay un cambio de modelo, poniendo como  imprescindible el adoptar un cambio en el estilo de desarrollo y en las políticas económicas, industriales, sociales y ambientales.

Todo ello es expresión de la existencia de democracias “de baja intensidad” en la región

Gobiernos progresistas – la ola rosa[7]

La ola conservadora llego a América latina, estimulando propuestas directamente neoliberales,  que impactaron también a los gobiernos progresistas. ¿Una fatiga del poder?

En un reciente taller en el Foro Social Mundial de Quebec, escuché la pregunta  de Pablo Solón, en relación a estos gobiernos [8]  (ex ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Evo Morales y presidente de la COP 19), ¿Qué ha pasado? ¿Cómo llegamos hasta aquí?

No hay respuesta fácil.  Para muchxs, como Maristella Svampa[9], es un fin de ciclo, un ciclo de bonanza económica, con altos precios de las materias primas exportadas especialmente petróleo y minerales que favorecieron las políticas de redistribución de los gobiernos; al cerrarse el ciclo, se impulsaron  medidas “correctivas” poniendo más confianza en la gestión progresista del capitalismo que en la movilización. Ella se pregunta también  qué tipo  de hegemonía han construido estos gobiernos, en esta tensión insoslayable entre lo democrático y lo no democrático, entre una concepción plural y otra organicista de la democracia, entre la inclusión de las demandas y la cancelación de las diferencias?

Para otros, como Gudynas,[10] no es fin de ciclo sino agotamiento que  expresaría  en el debilitamiento  de  la reflexión teórica que los sostenía, en la pérdida de sus  capacidades de innovación, y en la tremenda dificultad de responder frente a las nuevas circunstancias.

Para algunos más,  esta es una crisis de un estilo de hacer política, que dimensiones valoramos, que priorizamos, que tipo  de democracia queremos construir, sin seguidismos, ni solidaridades primarias ni menos disculpas a los errores democráticos de unos y no de todos los que la violan. Edgardo Lander es claro en esto[11]: en una reciente entrevista, advierte el peligro de que la izquierda latinoamericana le dé un apoyo incondicional a Venezuela; señala el debilitamiento acelerado del tejido social logrado en el periodo de Chávez así como la forma en que el gobierno está cediendo a las trasnacionales mineras, nada menos que 122,000 km cuadrados de territorio ecológico, donde habitan 12 pueblos indígenas. Hoy, con el golpe de Estado de Maduro contra la Asamblea venezolana, queda por desgracia claramente expresando la politica autoritaria  que esta experiencia contiene y que no tiene nada que ver con mi horizonte democrático.

Es cierto que los gobiernos izquierda/progresismos han contribuido a atender las formas más tenaces de injusticia, a redistribuir la riqueza, a avanzar reformas políticas y económicas, a visibilizar nuevos sujetos políticos, a ampliar ciudadanía. Muchos son logros para nada desdeñables.

Sin embargo, muchas de las experiencias de estos gobiernos  no han sido  ni suficientemente inclusivas, ni suficientemente democráticas, ni suficientemente sensibles como para que no sigan repitiendo algunas de las falacias y autoritarismos de su historia.

III.   A nivel de la dinámicas movimientistas – Las disputas insurgentes.

Es interesante cómo Laurence Cox,[12] coloca lo que él considera el signo de los tiempos que se cierran y  que expresan el debilitamiento del neoliberalismo: La expansión y alianzas de los movimientos populares contra el neoliberalismo, desde los zapatistas hasta hoy.

Es evidente que los movimientos étnico-raciales se aceleran  y densifican en los últimos 20 años,  proceso en el cual la revolución zapatista del 1994 – con su consigna de “mandar obedeciendo”  –  marca un hito. Se multiplican las movilizaciones indígenas en la zona andina, en Centro América, en Cono sur. Se elige el primer presidente campesino-indígena en Bolivia; dos países proponen la refundación del Estado, asumiendo un carácter plurinacional (Ecuador, Bolivia). Pero no solo: hay una expansión de múltiples formas de lucha trayendo un nuevo ciclo de conflictividad social en la región, desde movimientos ecologistas,  feministas, antirracistas,  movimientos de los sin tierra, sin techo, sin agua,  movimientos   afrolatinos, movimientos de disidencia sexual,   que posicionan la ambigüedad sexual como propia de la conducta humana;  son luchas también contra  la ofensiva extractivista, contra el sistema privado de las jubilaciones, movilizaciones estudiantiles y de jóvenes por mejor educación y mejores condiciones de trabajo (Ley Pulpìn en Perú), contra la guerra y afirmación de una paz desde parámetros democráticos (Colombia). También se expresa en la enorme visibilidad de luchas contra la violencia hacia la Mujer: Ni Una Menos, el Paro de mujeres y,  antes de eso, en afirmación de la rebeldía: la Marcha de las putas,   la Alfombra roja, etc. Son luchas  con contenidos anticapitalistas, antirracistas, de defensa del medio ambiente, de rechazo a lógicas productivistas depredadoras y rechazo a un modelo de sexualidad y deseo impuesto y no elegido. Son luchas también por democratizar la vida cotidiana

En todo este proceso se crean nuevas subjetividades que contienen y ofrecen, como dice Rita Segato[13] la posibilidad de otra era en la politica, no ya colocando lo domestico en lo político sino el camino opuesto: «domesticar la política», desburocratizarla, humanizarla,  desde una domesticidad  repolitizada.

Todo ello ha significado una revolución subjetiva, simbólica, cultural y epistemológica. La insurgencia traída por el Foro Social Mundial a inicios del siglo XXI, primero en Brasil y extendido hoy a las diferentes regiones del mundo aporta a este proceso de movilización e interconexión.

Es evidentemente un proceso complejo e incierto. Por eso  el Foro Social de Porto Alegre realizado este año tuvo como orientación ser un Foro Social de las Resistencias,  presentándolo justamente como una iniciativa global contra el conservadurismo, la xenofobia,  la intolerancia

IV. Hacia donde?

Cómo podemos contestar a la pregunta de Laurence Cox sobre con quienes, y cómo con quiénes y cómo puede ser reemplazado el capitalismo? Con qué instrumentos y estrategias políticas–organizativas podemos entrar a la disputa de la hegemonía cultural-contracultural?

Algunas pistas nos la ofrece el análisis de Intercoll[14]  

La reestructuración de los vínculos entre partidos y movimientos a fin de que los movimientos estén en el centro del proceso de producción politica.

La articulación entre diversas estrategias donde la cuestión de poder político, sin excluirlo, se convierte en un componente de una perspectiva de transformación a largo plazo, que debe incluir las transformaciones de las relaciones sociales y la cultura

La renovación de las fuerzas de cambio; nuevos  horizontes de las izquierdas: democracia, autonomía, pluralismo, interseccionalidad en vez del ya gastado centralismo democrático.

Cambio de la noción y contenido y orientación de los estados-nación.

Y esta última dimensión es clave. Porque quien define la nación? quien la definió hasta ahora?  En América Latina de la nación quedó excluida la diversidad. Fue una propuesta de  unicidad y homogeneización a costa de exclusión, violencia… o guerras para delimitar el espacio…. En este esquema siempre hay mayorías y minorías dice Judith Butler[15] – la heterogeneidad es la que debería primar.  Los estados plurinacionales pueden ser vistos como solución?  Sin duda, como horizonte de cambio y como proceso. Habría que estar atentxs a ver como lo están – o no-  logrando en los países que han adoptado esta caracterización…

Que nos compete como sociedad civil  (desde mi activismo feminista)

Una pregunta central levantada por los movimientos feministas para buscar respuesta a estos interrogantes es si una mayor igualdad de género en los procesos de desarrollo es realmente más favorable a las mujeres? Tenemos muchas experiencias que nos alertan que este proceso no es ni automático ni necesariamente benéfico en sí mismo para las mujeres y para la democracia[16].  La experiencia nos está enseñando que solo abordando las interrelaciones de los múltiples sistemas de poder – patriarcal, capitalista, colonial – y su impacto en las vidas de las personas, solo viendo las interseccionalidades entre todas estas dimensiones jerárquicas, excluyentes y antidemocráticas, sólo asumiendo una visión  que confronte las condiciones estructurales de su exclusión, es que estos procesos pueden ser favorables a la democracia, a las mujeres y a los hombre en la región y a nivel global.

Hoy como antes, y como tarea de futuro, el rol de la sociedad  civil y en ella de los movimientos sociales es indudablemente evitar el riesgo de retroceso, alertar, argumentar, proponer, presionar, producir conocimientos, asegurar armonización, movilizar opinión democrática, organizar resistencia.

Para ello, la ampliación de las agendas es clave, justamente para atacar la hidra de mil cabezas desde miles lugares y estrategias, alimentándose entre sí.  Es decir, las luchas feministas no pueden ser solo de las feministas, como tampoco otras dimensiones impostergables pueden ser sólo de los sujetos que las viven cotidianamente. Estas luchas intersectadas forman los núcleos de disputa democrática más fuertes: la agenda de los derechos sexuales y los derechos reproductivos, del derecho a decidir, un estado laico que rompa la tutela religiosa sobre los cuerpos de las mujeres, políticas efectivas frente a la creciente violencia contra ellas. Junto con las luchas contra el racismo, por los derechos de la niñez, de la juventud, de la vejez, de las poblaciones afrodescendientes e indígenas, en contra del extractivismo, en defensa de los territorios, por la autonomía personal y colectiva, por la autodeterminación de los pueblos. Luchas que no solo exigen reconocimiento sino defensa de diversos modos de vida y visiones del mundo. Para reconocer e incidir en estos derechos es fundamental ir más allá de lo que conocemos, hacer una ampliación del espacio epistemológico y social que nos orienta, levantar nuevos interrogantes, recuperar otras matrices culturales y otros marcos de sentido.

Todo ello nos permite – en este momento de interregno,  acercarnos a imaginarios que han estado devaluados o invisibilizados y recuperar la memoria de las múltiples  luchas históricas y actuales que son capaces de confrontar los conservadurismos de todo tipo y enriquecer nuestro horizonte de cambio.

[1] Wallerstein, Inmmanuel 2016. ¿Estancamiento secular o puede ser algo peor’? Commentary # 443. Fernando Braudel Centre.

[2] Cox, Laurence 2016. The Twilight of neoliberalism: theorising social movements in the age of Trump and Brexit.   Aarhus University. Dinamarca.

[3] Zibechi, Raúl 2016. El pensamiento crítico a la hora del colapso sistémico. Entre Pueblos Ed. Barcelona

[4] Tadei, Emilio, 2016. América Latina: entre la ofensiva neoliberal y las luchas de resistencia Popular. Documentos de discusión para el Consejo Internacional del Foro Social Mundial.

 [6] Declaración del Foro Político sobre Desarrollo en Honduras, julio 2016.

[7] Estas ideas las he expresado en un reciente artículo Los Feminismos en el laberinto de las izquierdas gobernantes en América Latina, 2016. Publicado en Rescatar la Esperanza. Entre Pueblos 2016.Bracelona

[8] Solón Pablo, 2016. Algunas Reflexiones autocriticas y propuestas sobre el proceso de cambio en Bolivia. En: América Latina Hoje. Actividad autogestionaria del FSM Quebec. Acción Educativa, IBASE, FLACSO, Intercoll

[9] Svampa, Maristella    2016. América Latina: fin de ciclo o populismo de alta intensidad. En Rescatar la Esperanza. Más allá del neoliberalismo. EP. Barcelona.

[10] Gudynas, Eduardo 2016. Los progresismos sudamericanos: Ideas y prácticas, avances y límites |En. Rescatando la Esperanza… EP. Barcelona

[11] Lander, Edgardo. 2017. Entrevista en La Diaria, Jueves 23 • Marzo • 2017

[12] Cox,  Laurence 2016. Op.cit.

[13] Segato, Rita 2016. La Guerra contra el Cuerpo de las Mujeres. Ed. Traficantes de Sueños. Madrid.

[14] Intercoll es un espacio  internacional y multicultural para los movimientos sociales y ciudadanos que pretende impulsar un nuevo  “colectivo intelectual internacional”,  recuperar el desarrollo intelectual de los movimientos, y crear  redes de investigación y educación popular vinculados a dichos movimientos.  Surge desde núcleos de participantes en los procesos del Foro Social Mundial.

[15] Butler, Judith 2016.Entrevista: Trump está liberando un odio desenfrenado. Zeit on line.

[16] Solo recordemos que el ex dictador Fujimori en Perú inauguró el Ministerio de la Mujer, colocó muchas más mujeres que cualquier otro gobierno previo en puestos de poder, se comprometió públicamente a cumplir con los compromisos de la Plataforma de Acción de Beijing. Pero, al mismo tiempo que otorgaba “derechos” a las mujeres,   vulneraba su autonomía, clientelizaba sus necesidades y ahogaba la democracia.

 

Raphael Hoetmer, Vladimir Pinto, Juan Carlos Giles, Mar Daza, Juan Aste, Veronika Mendoza y: Mario Palacios * Perú, País plurinacional e intercultural

Texto elaborado para la discusión programática del Frente Amplio. Argumentaremos que pese a la complejidad particular de la sociedad y política peruana, “Perú, país plurinacional e intercultural” es un horizonte fundamental para las transformaciones estructurales e históricas que busca el Frente Amplio.

Concluimos que la democracia y justicia social en el Perú requieren de la reconstrucción (o refundación) del país desde sus múltiples raíces, transformando las opresiones y marginalizaciones históricas que siguen determinando a nuestra sociedad, y afirmando un proyecto de vida propio que da justicia a las diversidades de historias, culturas, economías y políticas que viven en ella. Ello implicaría que las distintas culturas, racionalidades y visiones de vida deberían poder buscar su propio destino en el marco del proyecto nacional (la plurinacionalidad), como también deberían poder encontrarse como pares en el dialogo sobe el futuro compartido en ello (la interculturalidad). Creemos que ello, en vez de debilitar el proyecto compartido de los peruanos, permitiera la construcción de un proyecto compartido y fortalecería la identidad colectiva de realmente todos y todas los peruanos.

PDTG * Perú: nuevo ciclo político y punto de bifurcación. Apuntes desde abajo, por la izquierda, con la tierra y desde nuestros cuerpos

Después de un proceso electoral muy largo, absorbente y complejo, toca analizar sus implicancias, lecciones y las perspectivas que nos deja sobre el país para el periodo que se ha abierto con la instalación del nuevo gobierno. Una forma de comprender un proceso electoral es verlo como un momento de medición de fuerzas entre distintos bloques políticos-sociales-culturales que se cristalizan por un periodo determinado en torno de intereses y horizontes políticos futuros, representado por distintas opciones electorales. Las elecciones no cambian el país, ni agotan los esfuerzos para hacerlo, pero sí puedan traer a la luz procesos más profundos de cambio en las correlaciones de fuerza y los imaginarios políticos, que se pueden expresar en otras relaciones dentro del espacio de la política institucional.

De hecho, la transferencia de gobierno y los primeros 100 días del nuevo gobierno son un nuevo momento de esta medida de fuerzas, ya que en ellos se instituyeran voluntades políticas, intereses y correlaciones de fuerzas para este nuevo momento político.

En este texto tratamos de comprender estos procesos más profundos, al nivel del poder y la subjetividad política en el país, desde el compromiso con una sociedad más justa, democrática y en equilibrio con la naturaleza. Por lo tanto, realizamos una Sociología de emergencias que busca entender los futuros potenciales presentes en las acciones actuales. Ello solo puede resultar en una serie de apuntes, de ideas en borrador sobre el momento histórico que vive el Perú para seguir discutiéndolas y convirtiéndolas en acciones políticas. Decimos en borrador, porque son inacabadas, inciertas, quizás optimistas, y a menudo conscientemente planteadas de forma un poco gruesa para provocar.

Proyecto de Investigación-Acción * Género y Minería. Un acercamiento de reflexón y acción en los territorios de Cajamarca, Junín y Apurimác

Entre octubre del 2012 y diciembre del 2014 realizamos desde el Programa Democracia y Transformación Global una investigación acción participativa que buscó acercarnos al conocimiento de las realidades de mujeres organizadas que viven en contextos mineros en el Perú, y a través de ellas y de sus procesos organizacionales cómo estaban cambiando las relaciones de género existentes. Los resultados, enfoque y productos del proceso estan disponibles en el blog Genero y Minería.

Partíamos del diagnóstico de que en el Perú los últimos gobiernos han venido profundizando el neoliberalismo como sistema de vida y el desarrollo basado en la extracción ilimitada de materias primas como modelo económico. Como en otros casos en América Latina, el Estado peruano es uno de los principales promotores del extractivismo ya que con las rentas obtenidas por la actividad minera invierte  en políticas públicas que les da garantía de gobernabilidad además de buenas relaciones con los grupos económicos de poder de facto. La escasa regulación  ambiental y los retrocesos en las políticas que resguardan derechos colectivos sobre los territorios y en relación con los derechos individuales viene provocando conflictividad, malestar y desconfianza, y ahondando las brechas de desigualdad social persistentes. En este escenario las mujeres, las comunidades campesinas e  indígenas, sufrirán los impactos del modelo y generando en respuesta estrategias para afrontarlo, hecho que abre espacio para constituirse como sujetos de esas resistencias y transformaciones.

Hasta el momento han sido pocas las experiencias conocidas y difundidas en torno a los impactos nocivos de la minería en la vida de las mujeres, menos aun de las experiencias de resistencia, organización social y de alternativas gestadas por ellas para enfrentar esos impactos y para construir otras formas de desarrollo social más justo. Así mismo poco se discute en torno al impacto de las relaciones de género en los territorios donde se instala la minería.

Esta falta de reconocimiento, que ponga en valor el papel y los aportes de las mujeres se da en el ámbito político (no hay institucionalidad ni políticas públicas orientadas específicamente a resolver sus problemáticas), económico (no es reconocido su rol en la economía local ni nacional, menos su aporte desde la economía del cuidado), académico (no existen muchos ni reconocidos estudios al respecto) y cultural (son casi inexistentes en la opinión pública y desvaloradas en el imaginario nacional). Situación que se traslada a las comunidades, a las organizaciones sociales, e incluso a gran parte de las ONGs que trabajan en torno de la minería.  En los propios espacios organizativos muchas veces se sectoriza y margina la labor de las mujeres encasillándolas en las secretarías de la mujer u otras de índole logístico, restando con ello su participación en espacios de toma de decisiones y su capacidad de representación.

Por otro lado no se  logra aprovechar óptimamente las potencialidades particulares que las mujeres tienen desde los roles que cumplen en sus contextos culturales, un ejemplo de esto es que las mujeres por sus responsabilidades de cuidado y crianza (de niños, ancianos, animales, plantas, tierra, semillas, agua) tienden a percibir más los daños por las actividades mineras en el medio ambiente y en la salud de la personas,  así como en los valores culturales y comunitarios, dándole mayor atención y desarrollando estrategias frente a ello. Aun se ve las reivindicaciones y cuestionamientos por género como una lucha secundaria y negociable, pese a las múltiples e interseccionadas opresiones que viven las mujeres en contextos mineros, por género, sexo, clase, raza y etnia; y del papel clave que siguen jugando en distintos conflictos locales, en algunos casos asumiendo liderazgos principales (como en Choropampa y San Mateo).

Por lo dicho, con este proceso de investigación acción participativa se buscará generar espacios para la construcción colectiva de conocimientos con y desde las mujeres organizadas, donde se reconozcan y analicen sus realidades en relación a la minería, desentrañando las relaciones de género existentes y otros sistemas de poder, y valorando sus aportes como sujetos políticos en la construcción democrática de modelos de desarrollo más justos y equitativos en el país.

El propósito de esta propuesta de investigación es acercarnos  al conocimiento de las realidades de las mujeres organizadas y las realidades de género existentes que viven en contextos mineros en el Perú, y a través de ellas, sus percepciones y experiencias con el fin de transformarlas.

Reconocemos que hay cuatro dimensiones de esta realidad que requiere mayor -u otro tipo de- conocimiento: i) el impacto de la minería en las relaciones de género, en la vida de las mujeres y en sus entornos de cuidado donde asumen mayores responsabilidades ( familia, economía y comunidad) ii) las demandas de políticas públicas especificas; iii) el rol de las mujeres en los procesos de organización, resistencias y luchas en torno de la extracción minería  y: iv) su rol en la construcción de alternativas de o al modelo de desarrollo hegemónico.

Reconocemos que de las 4 dimensiones, la primera contiene varias productos y experiencias de investigación en el país como la María Bastidas, Julia Cuadros, Tamy Quintanilla, María Teresa Arana y en la región otros como las compañera vinculadas a la Red Latinoamericana de Defensoras de Derechos Sociales y Ambientales, Red ULAM, y otros alineados al desarrollismo extractivista como el Organismo Latinoamericano de Minería (OLAMI), COMIBOL ( Corporación Minera de Bolivia). La segunda es una dimensión que trataremos en función como resulte los trabajos de investigación acción territorial y de los procesos que ahí se desarrollen. Mientras que la dimensión 3 y 4 son los de nuestro mayor interés.

Vista el blog de Genero y minería

PDTG * Cinco hipótesis sobre el caso Conga y sus implicancias

Programa Democracia y Transformación Global
Queremos compartir algunas miradas al conflicto provocado por el proyecto minero Conga de la empresa Yanacocha en Cajamarca que han estado ausente ó poco presente en los artículos periodísticos y analíticos sobre el caso. Más que afirmaciones son hipótesis que buscan ampliar las explicaciones e interpretaciones sobre lo que está ocurriendo, y sobre lo que va a implicar para los años que vienen. Ellos se basan en nuestro trabajo colaborativo con comunidades afectadas por la minería y las organizaciones que trabajan con estas en los últimos años.

I.
El gobierno con Ollanta Humala siempre iba a ser un campo de disputa. Sin un proyecto y aparato político sólido, en un país con poca institucionalidad, el curso del gobierno dependerá de la eficacia de incidir en ello de distintos actores que al parecer  buscan convencerlo de pertinencia sus intereses. Da la impresión que en este juego, las negociaciones del gravamen minero implicaron un acuerdo político de respaldo mutuo: las empresas mineras pagando un poco más de impuestos, y el gobierno respaldando las empresas para mantener sus privilegios con casos de proyectos controversiales como lo de Conga.

Como Ollanta Humala, Gregorio Santos (presidente regional de Cajamarca, proveniente de las filas de Patria Roja) se mueve en base de los cálculos de la política institucional. El resultado de esto marcará el curso, la popularidad y el éxito tanto del gobierno nacional, como del regional.
Por lo dicho, tiene tan poco sentido actuar desde la tesis “Ollanta traidor”, como de la tesis “Tenemos que cuidar al gobierno para no caer en el juego de la derecha”. Más bien, requerimos de análisis más complejos y políticos del curso del gobierno que permita desarrollar estrategias organizadas y articuladas de presión y a la vez construir cambios desde abajo por parte de todas y todos que se sienten comprometid@s  con la gran transformación del Perú.

II.
En el conflicto provocado por el proyecto Conga está en juego el futuro de la relación industrias extractivas-comunidades-población urbana-Estado, y no solo el futuro de este mismo proyecto:
Se puede ver a Conga como un piloto que definirá la viabilidad de varios otros proyectos controversiales en Cajamarca y en el país en el contexto de un gobierno nacionalista. En los últimos años proyectos que contaron con la oposición masiva de la población local en alianza (real o impuesta por la fuerza de la organización social) con los autoridades locales no han logrado proceder (Islay, Ayavaca, Huancabamba, Tambogrande, Quilish, etc.). Si un proyecto con tantas objeciones técnicas, procedimentales y sociales como Conga logra proceder bajo el discurso de la “minería más responsable” abrirá incluso la puerta a estos proyectos suspendidos. En Cajamarca podría terminar siendo una palanca para que avanzan las otras explotaciones pretendidas, consolidando un distrito (o departamento) minero sin precedentes en el país.

En segundo lugar, Conga marca la pauta para la política del gobierno nacionalista frente a los conflictos y protestas sociales. Y en este sentido, la declaración de estado emergencia, medida muy prematura y excesiva, genera mucha preocupación. Las acciones desarrolladas previa y durante el dialogo tenían las características de una operación militar que buscaba controlar un territorio. Lejos de ver a los conflictos como oportunidades para corregir los males del Estado peruano, se los sigue viendo como amenazas que requieren de respuestas que evidencian la fuerza del gobierno, muy parecido a la política del gobierno aprista anterior. A ello se suma que se utiliza un marco legal muy cuestionable como es el DL 1095. La detención arbitraria de los dirigentes cajamarquinos en Lima, la represión de un plantón de solidaridad en Lima, y la congelación ilegal de los fondos del gobierno regional confirman la preocupación que el gobierno nacionalista recurre con facilidad y prematuramente a medidas autoritarias ante situaciones que percibe como crisis. Esperamos que esta tendencia se corrija.

En tercer lugar, el discurso de la “minería responsable para la inclusión social” busca restablecer la hegemonía del modelo extractivista en el país, que se encuentra debilitado por tanto conflicto, violencia, abusos y oposición. El éxito de ello definirá cuanto compromiso y solidaridad pueda haber en Lima (y otros centros urbanos) y en las clases medias con la protección del medio ambiente y el territorio en las otras regiones del país.

Esta dimensión geo-política del conflicto Conga se obvia sistemáticamente de la mayoría de los análisis del caso, inclusive por autores independientes de los intereses económicos detrás de la minería. Curiosamente para los(as) campesinos(as) cajamarquinos(as) esta dimensión está muy clara (más que todo en relación al futuro de su región) y explica el compromiso con las protestas, desmintiendo las viejos tesis vanguardistas que ellos no tendrían consciencia política, y por tanto son manipulados (como plantea la derecha) ó requieren dirección (como plantean algunos sectores de izquierda).

III.
En los conflictos mineros de los últimos años uno puede percibir un desarrollo tanto organizativo, como discursivo. Si bien es cierto que no ha resultado en la consolidación de una organización representativa que presenta una agenda concertada -como planteaba Anahí Durand-, se puede percibir que los reclamos en los distintos conflictos están cada vez más articulados y son cada vez más programáticos y propositivos. Parcialmente se explica por las relaciones y redes entre líderes, organizaciones e instituciones presentes en estos casos que se han venido tejiendo, y parcialmente por la crítica de fondo al modelo de desarrollo que se viene generando a raíz de conflictos constantes e irresueltos en el país.

En consecuencia –al contrario de hace cinco años- en las protestas de hoy está presente una agenda de cambios que permitirían cambiar la política minera en el país, si habría la voluntad política para ello. Esta agenda incluyera políticas de ordenamiento territorial participativo, reglamentación afianzada de la consulta (que se debe dar antes de dar concesiones), la transferencia de los EIAs al Ministerio del Medio Ambiente o una autoridad independiente, la definición de zonas libres de minería, la moratoria de concesiones mineras, la planificación estratégica del uso de agua, revisión de EIAs controversiales, inversión en el agro como alternativa económica, etc.
Hasta ahora el gobierno persiste en tratar caso por caso, sin tocar las cuestiones de fondo y sin impulsar una política minera distinta e integral. Esto implicará muy probablemente  nuevas Congas en los años que viene.

IV.
Con todo ello, no es casual que el primer conflicto minero grande de este gobierno ocurra en Cajamarca. De un lado, no hay región del país que conozca mejor las implicancias de la minería “moderna” debido a la presencia de Yanacocha desde las noventas, en cuanto a contaminación, daños a la salud humana, escasez de agua, etc.. Por lo tanto, decir que los cajamarquinos no saben de qué hablan o que actúan por manipulación externa, es de un racismo y tutelaje escandaloso.

De otro lado, en Cajamarca persiste un nivel de organización social y política mayor a otras partes del país (pese a la caracterización por algunos académicos de que habría conflictos sin movimientos), incluyendo la presencia de líderes muy capacitados ligados a movimientos nacionales (como Tierra y Libertad y Movimiento Nueva Izquierda) y acompañados por técnicos e intelectuales locales.

Uno no puede negar que en Cajamarca también existe apoyo a Yanacocha, que se sostiene en las redes amplias de trabajo y  el asistencialismo de las empresas mineras, pero a la vez, es evidente que una parte mayor de la población después de abusos, de haber visto daños permanentes a la naturaleza y la salud humana, y después de haber compartido tan poco de los supuestos beneficios, están convencidos y convencidas que la minería no puede ser el futuro de la región.

Al contrario de lo que pretenden presentar los medios de comunicación: esto no implica que están en contra de la “minería como tal”, pero sí que plantean que deben haber límites a esta actividad, que no puede desarrollarse en todo sitio y de forma indiscriminada, y que la población tiene el derecho de elegir su propio modelo de desarrollo y futuro. Las protestas en Cajamarca en este sentido representan varias críticas y posiciones, como también varias propuestas: una de ellas mayor inversión estatal en la actividad agrícola. Sumado a ello la fuerza organizativa deja en claro que el Estado de Emergencia no va a resolver el conflicto, sino más bien aumenta la indignación de la población sobre lo vivido.

V.
Como el conflicto en Cajamarca será un punto de inflexión para el gobierno y para la actividad minera en el país, pueda ser un momento (re)fundacional también para el campo progresista (para poner un nombre no del todo arbitrario, que se refiere al sector de organizaciones, instituciones, colectivos y personas que creen en cambios de fondo en el país para construir un Perú más justo y democrático).

Definitivamente el curso  de gobierno, la persistencia (o nueva etapa) del modelo extractivista en el país y las respuestas desde abajo frente a ello permiten repensar a los proyectos de transformar la realidad peruana, y podrían favorecer a que surjan nuevas formas de relación entre ellas, redes e iniciativas compartidas. Un ejemplo inmediato podría ser la Marcha Nacional del Agua como iniciativa articuladora para impulsar cambios en la regulación de las industrias extractivas en el país, como también el Pacto de Unidad de organizaciones campesinas e indígenas que se viene forjando. Dentro de Gana Perú implica además que los y las congresistas electos están definiendo su relación con los movimientos sociales en el país, y su autonomía frente al gobierno.

Creemos que hay cuatro cuestiones fundamentales en este momento de potencial reconstitución del campo progresista y de las relaciones entre los sujetos sociales y políticos en el país (y en el mundo en general frente al escenario de múltiples crisis):

•    La discusión del modelo de desarrollo – el modelo de desarrollo extractivista es el fondo de los conflictos mal llamados socio ambientales. Una política de cambio en este momento en el mundo, en América Latina y en el Perú es una política que transforma el modelo extractivista, generando otra economía, otra política y otra cultura en función del bien estar (o buen vivir) de todas y todos, y de los derechos de la naturaleza y de las futuras generaciones para gozar un mundo sano.

•    La cuestión del Estado y de la autonomía – el curso de los distintos gobiernos progresistas en la región muestran las enormes limitaciones de generar cambios fundamentales (solo) desde el Estado. Aunque creemos que siempre hay que tratar de incidir en el Estado, la construcción de cambios culturales, económicos y políticos desde abajo, impulsando alternativas y autonomías es una dimensión fundamental de una política de cambio. Es además una condición indispensable para que pueda haber victorias electorales y políticas estatales transformadoras.

•    La cuestión de la relación entre las distintas luchas y opresiones – una política de cambio ya no puede (y nunca pude) asumir solo una lucha, desde un sujeto principal con una agenda propia. Es necesario combatir todas las opresiones a la vez que mantienen el sistema actual, y ello requiere diálogo y articulación entre los movimientos sociales del país.

•    La construcción de una nueva cultura política – las construcciones políticas caudillistas, autoritarias, machistas, coloniales, vanguardistas y sectaristas que hemos conocido en todo este tiempo ya no puedan servir para generar cambios de fondo.  Creemos que para nueva política se requiere la construcción profunda, lenta, pero segura,  de un proceso colectivo y personal del cambio. Para el periodo que viene esto implica mayor apertura a la articulación y el trabajo conjunto entre organizaciones, instituciones, frentes y colectivos basados en los intereses comunes de los pueblos en vez de los intereses particulares de cada uno. Visto la cultura política del campo progresista en el país, esto va a ser un desafío grande y de suma importancia.

Para nosotr@s el horizonte de todo ello sigue siendo la construcción de un Estado laico, plurinacional, descentralizado y realmente democrático, en lo cual se celebra la diversidad de nuestro país, se promueve la libertad y la autonomía de las personas y de los pueblos, y se impulsa una economía diversa, social y sostenible que coloque como parte a los derechos de la naturaleza y de las generaciones futuras. Ello requiere de un cambio radical de las relaciones entre la sociedad y el Estado, entre los pueblos y los gobiernos, entre las organizaciones del campo progresista, que a su vez implica la necesidad de una cultura diferente. Todo esto está en disputa hoy en día, y seguirá estándolo en los años que vienen.

 

Prescrito: Aunque este artículo fue concluido el 8 de diciembre, consideramos que los últimos hechos de la política nacional (el cambio del gabinete) confirman las tendencias e hipótesis señaladas, y por lo tanto, decidimos igual publicar el texto el jueves 15. Se reproduce aquí con el permiso de los autores. Diciembre 2011

Por una San Marcos autónoma, plural, y crítica

  1. Como PDTG nos sentimos profundamente identificados con la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), como casa de estudios, ágora de debate, y espacio de encuentro y construcción de propuestas para un Perú mejor, como también con su larga trayectoria como universidad decana de las Américas.
  2. Desde hace el año 2003 realizamos foros públicos, talleres y publicaciones en el marco del Programa de Estudios sobre Democracia y Transformación Global, en la Facultad de Ciencias Sociales y en el Centro Cultural de la UNMSM, en lo cual buscamos generar espacios de encuentro y diálogo entre la academia, y múltiples actores sociales de la sociedad peruana y global
  3. Por estas razones, elegimos al Centro Cultural de la UNMSM como sede del Encuentro de Saberes y Movimientos Sociales: Entre las crisis y los otros mundos posibles, que se desarrollará con participación de cincuenta investigadores, educadores, artistas y dirigentes sociales de todo el mundo, en el marco de la Coordinadora Inter-Universitaria de Investigación de Movimientos Sociales y Transformaciones Político-Culturales, y del aniversario de la UNMSM.
  4. A un mes de la realización del Encuentro, pese a las obligaciones contractuales con el PDTG, el rectorado de la Universidad decidió prestar la Casona al Fondo Monetario Internacional para una reunión privada del día 27 de mayo, imposibilitando el Encuentro de Saberes y Movimientos Sociales en este lugar. Nos explicaron que no “podían decir no al Fondo y al ministerio de asuntos económicos peruanos”, y que seguridad del Estado iba a tomar la Casona desde el 26 de mayo.
  5. Esta decisión refleja la situación política en el país y en el mundo, en la cual intereses, instituciones y mandamientos económicos, vinculados o promotores del capitalismo neoliberal logran imponerse sobre otras visiones del mundo. En el Encuentro de Saberes y Movimientos Sociales se realizará un debate sobre las crisis ecológicas, económicas y políticas que el mundo está atravesando, y las alternativas a ellas construidas desde los movimientos sociales del continente. Esto necesariamente implicaría revisar críticamente al sistema capitalista neoliberal, que está en la base de estas crisis, y que está siendo promovido desde hace décadas por el FMI.
  6. Por lo tanto, creemos que las discusiones de alta calidad académica, teórica y política, con presencia de una pluralidad de visiones del mundo y abierto al público en general, a realizarse en el marco del Encuentro de Saberes y Movimientos Sociales deberían ser de mayor importancia para la UNMSM y su rectorado, que una reunión del FMI, cerrada al público y enmarcado en la visión política del neoliberalismo.
  7. Como PDTG creemos que San Marcos es y deberá ser un espacio autónomo, plural y abierto para la discusión de ideas que contribuyan a la construcción de una democracia real y justicia social en el país. Por esta razón disentimos con las razones por las cuales el rectorado optó por imposibilitar la realización del Encuentro de Saberes y Movimientos en la Casona. No obstante, seguiremos desde el PDTG comprometidos con el desarrollo de debates académicos de calidad a través de nuestros seminarios, foros públicos y publicaciones y promoviendo la vinculación entre la universidad y otros actores sociales del Perú, América Latina y el mundo.

Programa Democracia y Transformación Global,   20 de mayo de 2010

Declaración de Lima: seminario internacional “Luchas por el territorio: Minería , Amazonía y Ecologismo Popular”

En el marco del seminario internacional “Luchas por el territorio: Minería, Amazonía y Ecologismo Popular” –organizado por la Confederación Nacional de Comunidades Afectadas por la Minería (CONACAMI), el Programa Democracia, Transformación Global, CooperaAcción y CLACSO- realizado en la Ciudad de Lima, Perú, y a raíz de la matanza de indígenas perpetrada por el Gobierno de ese país el último 5 de junio en la Amazonia peruana, el Grupo de Trabajo de Ecología Política de CLACSO emitió la siguiente declaración:

Nosotros, docentes e investigadores de distintos centros universitarios de América Latina, congregados en las sesiones del Grupo de Trabajo de Ecología Política de CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales),
Expresamos nuestra más profunda solidaridad con los pueblos amazónicos del Perú, víctimas, una vez más, de la violencia abusiva del poder del Estado.

Expresamos nuestro apoyo a los legítimos reclamos de los derechos territoriales de los pueblos amazónicos, reconocidos inclusive por tratados internacionales, violados flagrantemente por los decretos legislativos emitidos por el Gobierno peruano, mediante los cuales pretendía disponer inconstitucionalmente de vastas extensiones de los territorios amazónicos, abriendo a éste  a todo tipo de intereses empresariales.

Hacemos público nuestro más enérgico repudio a la masacre perpetrada por el Gobierno del Perú en estas circunstancias, sumando una mancha más de sangre a la larga historia de abusos y atropellos hacia las poblaciones originarias. En particular, condenamos las declaraciones y actitudes racistas sucesivamente emitidas por el Presidente Alan García  y diversos funcionarios de su gobierno, hacia estas poblaciones. Estas posiciones, emblemáticamente expresadas en su ‘teoría de perro del hortelano’, dan cuenta de inaceptables posturas racistas, que no sólo no condicen con la altura moral requerida por la investidura presidencial del Estado peruano, sino que constituyen una ofensa pública hacia todas las culturas que integran nuestra América Latina y a la conciencia moral de la humanidad en general.

Estas indignantes actitudes racistas no sólo han funcionado claramente como provocadoras y justificadoras de la masacre producida, sino que se han prolongado en los días sucesivos a través de la criminalización de las víctimas, la persecución de familias y comunidades enteras movilizadas en defensa de sus derechos, la virtual militarización de la zona de conflicto; en fin, del ocultamiento y la distorsión de los acontecimientos ocurridos, hecho posible también por la complicidad de diversos medios de comunicación.

Expresamos nuestro enérgico rechazo hacia las propuestas de reordenamiento económico y territorial que hoy se expresan a través de asimétricos Tratados de Libre Comercio, así como de incontables proyectos de infraestructura previstos por el IIRSA (Iniciativa por la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana), llevados a cabo de manera unilateral, sin consulta alguna a las poblaciones afectadas. Todo parece indicar que, ante las resistencias cada vez mayores de las poblaciones (rurales y urbanas) y su legítima demanda de democratización de las decisiones, algunos gobiernos de la región están dispuestos a concretar acuerdos como el TLC a cualquier costo, trasponiendo así un peligroso umbral, una línea roja, que conduce de la inaceptable criminalización ya existente, a la consumación de un nuevo etnocidio.

Nuestro apoyo y solidaridad a los pueblos amazónicos implican también el reconocimiento a la legitimidad y racionalidad de sus demandas, a los intentos por denunciar las graves consecuencias socioambientales del modelo primario extractivo exportador drásticamente instalado no sólo en el Perú, sino también en toda la geografía regional. Lejos de constituir reclamos ‘particularistas’, las demandas de los pueblos amazónicos expresan una profunda conciencia de solidaridad y cuidado para con la sociedad entera y las futuras generaciones, y denuncian la sistemática destrucción de los medios de vida que generalmente han implicado los ‘modelos de desarrollo’ excluyentes impulsados desde los gobiernos. Lamentamos que se invoquen cínicamente los ‘intereses nacionales’ para encubrir, en realidad, la defensa de los intereses de grandes corporaciones transnacionales y de las potencias mundiales, principales beneficiarias y usufructuarias de la explotación extractiva de los bienes comunes de nuestros territorios.

Expresamos desde aquí nuestro respaldo al conjunto cada vez mayor de luchas rurales y urbanas que hoy recorren nuestro continente, en defensa de la vida, los territorios, la diversidad plena, la libre determinación y la autonomía consagradas en los acuerdos y legislaciones internacionales.

Miembros:
– Héctor Alimonda (Brasil-Argentina)
– Marcelo Langieri (Argentina)
– Horacio Machado Aráoz (Argentina)
– Maristella Svampa (Argentina)
– Catalina Toro Pérez (Colombia)
– Pablo Romero (Chile-Brasil)
– Germán Palacio (Colombia)
– Jorge Ventocilla (Panamá-Perú)
– José Luis Gutiérrez (Bolivia)
– Rodrigo Qoos (Brasil)
– Gloria Chicaiza (Ecuador)
– Ana Mariel Weinstock (Argentina)
– María Julieta Lamberti (Argentina-México)
– Gian Carlo Delgado Ramos (México)
– Armando Fernández (Cuba)